Juan Velarde Fuertes

Juan Velarde Fuertes

JUAN VELARDE FUERTES es catedrático Emérito de la Universidad Complutense y miembro de la Fundación de Estudios Sociológicos

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Tribuna económica

Éxito y futuro del euro

28-05-2008

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En 1996 el presidente Aznar quemó las naves. Al comienzo de su Gobierno, señaló que uno de sus proyectos esenciales era que España participase en le proceso de creación de la Eurozona. No cumplía España, entonces, con ninguno de los criterios de Maastricht y quienes los habían elaborado consideraban que algunas naciones de la Unión Europea, concretamente España, no podrían cumplirlas de modo perfecto en 1997, aunque primero se pensó en la fecha tope de 1996. Afortunadamente, Solchaga, en la Cumbre de Roma, lo que se debe enlazar con sus declaraciones al “The Wall Street Journal” sobre las ventajas de subir a un tren antes de que se pusiese en marcha y las dificultades de hacerlo cuando ya está en marcha, logró que fuese en 1997 cuando se tuviesen que presentar cuentas perfectas para dar el salto a lo que R. Mundell a partir del famoso artículo A Theory of Optimium Currency Areas publicado en The American Economic Review, septiembre 1961, págs. 657-664, llamaría un “área monetaria óptima”. Además, en 1996 teníamos el mayor porcentaje de paro que se haya nunca alcanzado en nuestra historia. A esa tasa de paro se unía el lastre de un expansivo sector público. A eso había que sumar el choque de una fuga de capitales a corto plazo invertidos en España, como consecuencia de las necesidades aparecidas en Alemania al incorporarse los Länder orientales, una vez derribado el Muro de Berlín. En esas condiciones, ¿íbamos a ser capaces de adaptarnos a las condiciones precisas y en sólo año y medio? Siempre será uno de los triunfos más espectaculares de nuestra política económica, que se engastará en las previas decisiones sucesivas del Plan de Estabilización de 1959, del Acuerdo Preferencial Ullastres de 1960, del Pacto de La Moncloa de 1977, y del ingreso en la Comunidad Económica Europea de 1985. Se trata de golpes de timón llenos de visión de futuro y, debe decirse, asimismo de riesgo.

El éxito ha sido tan espectacular que se ha producido la segunda gran cicatería por parte de los dirigentes de nuestra política económica. La primera fue el día de la firma de nuestro ingreso en el ámbito comunitario, al no invitar a Ullastres al acto del Palacio de Oriente. La segunda, cuando se procura que este colosal éxito político español no trascienda, precisamente en el momento en el que el ámbito comunitario en pleno lo celebra. Todo se ha reducido a unas sesiones de la Fundación FAES y nada más.

En estos momentos lo que se debe plantear, con la celebración, es el futuro del euro. No es necesario ir más allá de la brillante colección de monografías que ha editado, en la serie “European Economy” y sus “Economic Papers”, desde febrero a abril de 2008. Para empezar, con la incorporación que parece intentarse, de países de la Europa Oriental, debe reflexionarse, como con claridad se hace en el trabajo de Zsolt Darvas y György Szapáry, “Euro area enlargement and euro adoption strategies”, febrero 2008, sobre las alternativas, a causa del enlace entre países con un PIB por habitante bajo y el aumento de la inflación al provocarse la incorporación al actual ámbito de la Unión Monetaria a causa de la proposición Balassa-Samuelson, y la posibilidad de atenuar el choque con un periodo de tipos de cambio flotantes. O el planteamiento de Michael Morde y Harold James en “A long term perspective on the euro”, febrero 2998, que plantean la necesidad de tener en cuenta el futuro de la nueva moneda. No es lógico dejar a un lado ciertas actitudes. Por ejemplo en Italia, la Liga Norte, clave para Berlusconi, habla de plantear el retorno a la lira, o Sarkozy no aplaude la política del Banco Central Europeo y, probablemente, presionará para que éste, además de su papel en la lucha contra la inflación, se dedique a impulsar el crecimiento. Esto -véase el Eurobarómetro , puede suceder cada vez con más fuerza. Sobre ese futuro no se olvide la necesidad de una regulación bancaria europea, citándose textualmente los dos calificados de superbancos europeos: el Santander, tras haber incorporado al Abbey National, y al Unicredito, al hacer otro tanto con el básico banco austriaco Hyperverlinsbank.

La relación de nuevas propuestas es uno de los valores de esta colección. Siempre se parte de que la operación euro ha sido un éxito, pero que ante el futuro, conviene pensar en modificaciones. Ese éxito y esa polémica ante el porvenir, ¿por qué se celan ante los españoles?







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