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Crónica económica

La pólvora de Draghi está mojada

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Mario Draghi se ha puesto el traje de “super”, y ha vuelto a adoptar medidas para facilitar el crédito. 1) Ha rebajado los tipos de interés oficiales del 0,25 al 0,15 por ciento. Y 2) ha impuesto un tipo de interés negativo (-0,10 por ciento) sobre los depósitos que tiene la banca en el BCE. Dado que tendrán que pagar por depositar su exceso de liquidez en Frankfort, la idea es que la emplearán, o al menos una parte de ella, en nuevos préstamos. Por otro lado, 3) ha anunciado que facilitará 400.000 euros para préstamos a la economía real, que no estarán disponibles ni para la financiación del gasto público ni para las hipotecas. El plazo para devolver la liquidez concluye en septiembre de 2018, y los bancos pueden solicitar hasta el 7 por ciento de su cartera de préstamos a familias y empresas. Se toma como referencia el 30 de abril. Por último, 4) las compras de bonos soberanos estaban compensadas con un drenaje de liquidez, pero ahora el BCE lo suspende.

¿Por qué adopta el BCE estas medidas? No será por la evolución de la producción. El PIB de la Eurozona ha pasado de decrecer seis décimas en términos interanuales en el segundo trimestre de 2013 a crecer un 1,2 por ciento en el primero de 2014. Todos los analistas apuntan a otro motivo: la lucha contra la “deflación”. Una “deflación que consiste en que el BCE cumple su mandato de que la inflación quede por debajo del 2 por ciento: está en el 0,5.

El miedo a la deflación viene de la interpretación de Milton Friedman y Anna Schwartz de la Gran Depresión. Ellos dicen que la Reserva Federal dejó, imprudentemente, que la deflación hundiese la financiación de la economía. Pero nuestra situación en nada tiene que ver con la actual. La variable de liquidez M3, que llegó a ser negativa en 2010 sin que nadie se llevase las manos a la cabeza, llegó a crecer un 3,2 por ciento en abril de 2013, y ahora (abril de 2014) la tasa de crecimiento es del 0,8 por ciento. De los precios ya hemos hablado.

Otra cuestión es la eficacia de estas medidas. Por un lado, muchas familias y empresas han demostrado que quieren reducir su endeudamiento, no incrementarlo. Se endeudaron excesivamente en la época del boom, y ahora están desapalancándose. Convencerlas de que se endeuden no es fácil ni necesariamente bueno. Por otro lado en el mercado hay ya mucha liquidez. Lo que falta es demanda solvente. La morosidad de los préstamos concedidos por la banca es muy alta.

Además, lo que tiene que hacer la economía es ajustarse. Las facilidades que ofrece el Banco Central Europeo facilitan todo lo contrario. Tal como decía en su último informe anual el Banco de Pagos Internacionales, BIS, “el dinero barato hace más fácil endeudarse que ahorrar, más fácil gastar que gravar, y más fácil seguir como estamos que cambiar”.

Aún así habrá empresas y familias que necesiten endeudarse, y que lo verán más fácil gracias a estas medidas del BCE. Incluso en este caso, la conveniencia de las mismas está en entredicho. Lo explica un artículo de Patrick Barron publicado por Market Oracle titulado, significativamente Why Central Bank Stimulus Cannot Bring Economic Recovery. Es decir, “Porqué los estímulos de los bancos centrales no pueden hacer que se recupere la economía”. El motivo es que “en cada momento hay sólo el capital que esté disponible en la sociedad; y el capital no se puede crear con un click del ratón de un ordenador del Banco Central”. Si ese capital, esos medios al servicio de los nuevos proyectos financiados con el nuevo crédito, no está al alcance de los empresarios en el período en que se desarrollan los proyectos, durante el mismo los empresarios pujan por los medios que hay disponibles, suben sus costes, y sus proyectos, que con el nuevo crédito parecían muy rentables, ahora se revelan ruinosos.
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