"unanimidad" en el BCE para tomar medidas hasta ahora vetadas por el Bundesbank
Y Alemania olvidó su miedo a la inflación
viernes 04 de abril de 2014, 13:33h
Contaba el escritor catalán Josep Pla en uno de sus artículos que interrumpió su lectura de ‘El Capital’ de Karl Marx cuando se dio cuenta de que la obra apenas dedicaba atención a la inflación. Pla había vivido como reportero la inflación de entreguerras alemana, y es algo que recordaba a menudo en sus entrevistas, muchos años después. Los alemanes tampoco han olvidado ese episodio de su historia, anterior a la subida al poder del Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler y de la II Guerra Mundial.
Sin embargo, parece que un miedo mayor ha desplazado la tradicional postura alemana. Se trata de la posibilidad de deflación, reconocida este jueves por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.
La deflación es la bajada generalizada y sostenida de los precios. Es el reverso de la inflación, y es más peligrosa.
El objetivo del Banco Central Europeo ha sido mantener por debajo, pero cerca del 2% la inflación de la eurozona, una ‘velocidad de crucero’ suficiente para el índice de subida de los precios europeos. Frente a este objetivo, y a pesar de los bajos tipos de interés (en el 0,25%), la inflación se ha reducido en Europa, y desde octubre del pasado año se encuentra por debajo del 1%.
El problema es especialmente visible en España, sumergida en una devaluación interna, cuyos precios han mostrado alzas muy discretas, e incluso negativas, durante los últimos meses.
La deflación es un fenómeno que beneficia al ahorrador y perjudicada al endeudado, ya que las deudas contraídas en el pasado se encarecen con respecto a los precios del presente y el futuro.
Además, retrasa las decisiones de compra, porque los consumidores tienden a esperar para así comprar más barato, lo que puede llevar a una estrategia de reducción de costes para poder seguir bajando los precios que puede pasar por más despidos.
Incide, por tanto, en dos problemas capitales de la economía española: el empleo y la deuda.
Sin embargo, el temor a la inflación que exhiben los mandatarios alemanes se ha relajado en este caso, a pesar de que la bajada de los precios les pueda beneficiar en tanto que ahorradores y acreedores.
El jueves, las bolsas se mostraban eufóricas tras escuchar el discurso de Mario Draghi sobre la reunión para decidir los tipos de interés de la eurozona, en el que aseguró que permanecen atentos al riesgo de deflación, que harían lo que fuera necesario para combatirla, incluidas medidas no convencionales, y que la decisión se había tomado por "unanimidad".
Hasta ahora, el veto del consejero alemán del Bundesbank, Jens Weidmann había detenido la puesta en marcha de medidas poco ortodoxas que sí están tomando la Reserva Federal en EEUU, el Banco de Inglaterra, o el Banco de Japón, con lo que el BCE ha ido, en cierto modo, con el paso cambiado respecto al resto del mundo.
Estas medidas de estímulo pasan por inyectar liquidez en la economía o, incluso, comprar bonos soberanos de países miembros.
Alemania ha dejado de esta manera apartado el temor de que al imprimir más dinero, los precios se disparen. Superada la crisis de deuda, la primera economía de Europa se ha dado cuenta de que el problema del continente es su elevada deuda, que se sitúa en el 92,7% del PIB total de la eurozona, y el paro, que se sitúa en el 11,9%. Problemas que la deflación sólo puede agravar.
Tras varios años de inmovilismo alemán, patente en la crisis de deuda de los países periféricos, la palabra "unanimidad" en el seno del BCE para identificar un problema que es especialmente grave en la zona periférica de Europa es todo un valor económico en sí mismo. Los analistas subrayaban de hecho, que, a pesar de no haberse emprendido ninguna medida en concreto, los inversores celebraron con compras la determinación de los banqueros centrales.