Alfonso Domingo: Historia de los españoles en la II Guerra Mundial. Sus pericias en todos los frentes y bajo todas las banderas. Almuzara. Córdoba, 2009. 338 páginas. 25,00 €
Las historias de guerra son siempre historias de vidas truncadas, cuando lo que no se pierde es precisamente la vida. Da igual qué ideas se defiendan porque las huellas de la violencia, del instinto animal, de la sangre y la metralla y de la pérdida de libertad son indelebles. Como también lo son las amistades de trinchera y los momentos de inmensa humanidad.
Todo esto destila la
Historia de los españoles en la II Guerra Mundial de Alfonso Domingo Álvaro. Con el rigor periodístico que caracteriza sus trabajos –tanto para prensa escrita como en documentales televisivos–, Domingo recoge en esta obra los
testimonios de españoles que, tras sufrir la Guerra Civil, acabaron inmersos en una contienda global. Aunque muchos habían fallecido a la publicación del libro, elaborado a lo largo de casi una década, su relato es y será la fuente fundamental de la memoria. A través de cerca de 50 testimonios, el periodista segoviano consigue reconstruir razones y sentimientos que acompañaron a los más de 10.000 exiliados republicanos que acabaron integrando la resistencia francesa y el maquis –por ejemplo–. Recuerda cómo una cifra similar perdió la vida en el exterminio de los campos de concentración nazis, vitrina de los horrores donde Mauthausen-Gusen ocupa un lugar central en las pesadillas de compatriotas.
Transcribe también la experiencia de aquellos españoles abocados a luchar en el frente oriental, como los niños hijos de republicanos a los que el gobierno ruso acogió –entre 3.000 y 5.000– y que emprendieron la contienda contra el fascismo alemán por una deuda hacia sus mayores. A sus cortas edades, casi doscientos lograron alistarse en el ejército ruso. Medio centenar perdió la vida en combate y otros trescientos murieron de hambre, enfermedad o víctimas de bombardeos en la retaguardia.
Domingo no olvida referirse a los españoles que lograron su admisión en la legión francesa de Pétain para, una vez en África, desertar y pasarse al ejército libre de De Gaulle. Ni a la famosa Nueve, integrada por españoles, que participó en la liberación de París, dentro de la Columna Dronne y la División Lecrerc. Completa su glosario de la implicación española en la II Guerra Mundial un capítulo dedicado a la División Azul, formada por voluntarios españoles (unos 40.000) en su mayoría afines a Falange que, por motivaciones alejadas de las republicanas, defendieron el credo del nacionalsocialismo alemán, uniéndose a él contra la amenaza comunista.
Hubo españoles en las principales batallas, admirados como luchadores en ambos bandos que tuvieron que esforzarse por demostrar su valía y construirse una fama merecida entre ejércitos de entrada desconfiados. Sería injusto igualar relatos o medir sufrimientos y, aunque la pasión con la que el escritor detalla ciertos pasajes sesga la equidistancia ideológica, logra un excelente equilibrio informativo. El lector encontrará características comunes al conjunto de los testimonios, tanto de quienes se unieron a los ejércitos aliados, como de los que apostaron por el III
Reich y de los que simplemente padecieron recluidos. Por un lado, la necesidad de reconocimiento a su causa. Por otro, un poso de amargura al recordar aquella etapa de sus vidas.
Por Azmara Calleja