RESEÑA
Andrés Ortega (en colaboración con Agenda Pública): Recomponer la democracia
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 06/08/2014 14:22h
Andrés Ortega (en colaboración con Agenda Pública): Recomponer la democracia. RBA. Barcelona, 2014. 205 páginas. 19 €
Esta obra de Andrés Ortega representa un auténtico diagnóstico de la realidad política, económica y social española. El veredicto, aunque no es positivo, sí que induce al optimismo debido a las soluciones que plantea. Para avalar sus ideas, se nutre de numerosas aportaciones de los integrantes de Agenda Pública, añadiendo un manejo bibliográfico excelente, que dota de rigor y enriquece el libro.
Por tanto, en función de esta línea argumental, el complejo panorama económico ostenta un lugar protagonista a lo largo de sus páginas, si bien no es el único, puesto que la acometida independentista liderada por CiU y ERC goza de amplio espacio.
En este último asunto traza un buen número de posibles escenarios en función de cómo se comporten los actores en litigio. Ortega se decanta por la realización de una reforma constitucional que genere como resultado el reconocimiento de Cataluña (y también, por ejemplo, de Andalucía) como nación y de España como “una nación con naciones” (pp. 161).
Desde un prisma más general, para el autor es obligatoria una transformación de la política en España ya que el modelo establecido durante la Transición está agotado. Esto no significa que deba despreciarse sino ser tomado como prototipo ya que entonces, nos refresca la memoria, sí que había un proyecto, el cual ha permitido “el periodo democrático más profundo y largo de la historia de España” (pp. 18).
Al hilo de esta tesis, hilvana otra de idéntica relevancia: la resolución de la crisis económica no puede interpretarse como sinónimo de resolución efectiva de la crisis política. Esta última necesita de una mayor vertebración del país a nivel cualitativo, por ejemplo, a través de una implicación de partidos nacionalistas como CiU y PNV puesto que ambos “han contribuido a la gobernabilidad, pero nunca han querido participar directamente en el gobierno de España” (pp. 139).
Como se observa, la obra rebosa actualidad, de ahí que el desinterés de los ciudadanos por la política, la pérdida de confianza en los partidos políticos tradicionales (que se han convertido en agencias de colocación, puntualiza Ortega) o la necesidad de que las instituciones (principalmente la Corona y el Poder Judicial) se reformen, sean objeto de rigurosa observancia.
En este sentido, sobresale el carácter visionario del autor cuando analiza la Monarquía, de la que reconoce su importante función a la hora de garantizar la estabilidad interior aunque añade que “no basta con los servicios prestados” (pp.122). Al respecto, bien podemos afirmar que se adelantó a los acontecimientos al sugerir que “una abdicación podría resultar conveniente en un plazo no alejado, y podría ser parte del legado de Juan Carlos I” (pp.124).
Mención especial requiere la meticulosidad con la que explica el funcionamiento del Estado autonómico, consciente de que desde muchos ámbitos se le responsabiliza de la crisis económica. Así, admite que hay comunidades que asumieron competencias que no necesitaban y que el encaje de Cataluña no se ha solucionado. Además, el propio desarrollo del Estado de las Autonomías generó consecuencias no deseadas producto de un carácter competitivo mal entendido que describe en los siguientes términos: “una autoafirmación frente al otro (ya sea el Estado central o los vecinos poderosos), una exageración de la diferencia cultural, una búsqueda de referentes históricos legitimadores, una hipertrofia de símbolos o una emulación grandilocuente de instituciones” (pp. 141).
En definitiva, nos encontramos ante un libro indispensable para entender la coyuntura por la que atraviesa España, que explicita algunos de nuestros males endémicos pero que también ofrece las recetas para subsanarlos de manera exitosa.
Por Alfredo Crespo Alcázar