RESEÑA
Francesc Torralba: Los maestros de la sospecha
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Francesc Torralba: Los maestros de la sospecha. Marx, Nietzsche, Freud. Fragmenta Editorial. Barcelona, 2014. 157 págs. 12,50 €
La expresión “maestros de la sospecha”, aplicada a tres figuras tan heterogéneas entre sí como Karl Marx (1818-1883), Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Sigmund Freud (1856-1939), fue acuñada por Paul Ricoeur (1913-2005) en la década de los sesenta, y ha tenido hasta hoy una amplia resonancia. La “sospecha” a la que se refería el autor francés recae fundamentalmente en la imagen del sujeto que la filosofía occidental venía forjando desde Descartes, imagen que conservaba sus principales referentes de justificación en la ontología platónica y en la metafísica y la moral cristiana. Moviéndose entre los ejes de su fe protestante, su afinidad al existencialismo alemán y su particular desarrollo de la hermenéutica filosófica, Ricoeur trató de esbozar líneas de una interpretación unitaria de los tres autores mencionados: un discutible proyecto que requería una muy amplia capacidad asimiladora.
En este pequeño volumen, traducción castellana del original catalán publicado en 2007, Francesc Torralba procura introducir una versión católica del tópico alumbrado por Ricoeur y desarrollado después en las autorreflexiones postmodernas. De este modo enuncia su planteamiento: “La crítica de la religión de Marx, Nietzsche y de Freud toca, de lleno, el corazón del creyente y lo lleva a repensar, a reconfigurar su idea de Dios y la relación que con él establece en su interioridad”.
¿Es la antirreligiosidad un resaltable nexo común entre Marx, Nietzsche y Freud? ¿Resulta fecundo, para entender la problemática del presente, releer la obra de estos autores desde este criterio? Este librito parece dirigido a una horquilla de lectores creyentes con afán de documentación pero no muy versados en Filosofía, que se han hecho conscientes de la existencia de corrientes teóricas, fundamentadas en el ateísmo, de honda influencia en la cultura de nuestro tiempo, y desean confortarse de esa potencial amenaza con el apoyo de un especialista que sea a la vez apologista cristiano. Un perfil, a primera vista, un tanto anómalo, cabría pensar.
En líneas generales, el hilo del discurso del libro es presentar las ideas centrales de estos “tres grandes” desde sus enfoques más explícitamente antirreligiosos para invocar con ello una hipotética “catarsis purificadora para el creyente”. Este empeño se sostiene desde las profundidades enigmáticas de la fe, y no es posible dar una cumplida cuenta argumentativa del mismo. Por ese motivo probablemente, el autor incurre con frecuencia al comentar sus sintéticas exposiciones de los maestros del ateísmo en ciertos juicios de valor candorosos, emitidos desde una ácida ingenuidad: “Ninguno de los maestros de la sospecha integra con seriedad las consecuencias que se derivan de la afirmación dogmática de un Dios que es uno y trino.”
Para quien se mueva en el territorio del dogma de fe, la supuesta “sospecha” no tendría que comportar ninguna incertidumbre notoria; por el contrario, si los cristianos están en posesión de un discurso sugerente que aportar a la moral universal en nuestra época, deben hacerlo con su voz propia e independiente. Al fin y al cabo, Marx, Nietzsche y Freud no fueron autores específicamente antirreligiosos más allá de lo que exigía su cuestionamiento radical de las bases ideológicas de la Ilustración; actitud, por otra parte, propiciada por la misma naturaleza crítica y reflexiva de los fundamentos de la civilización occidental (incluyendo el modo racional y ecléctico de establecer la vivencia religiosa que distingue al cristianismo, desde su mismo origen en el seno de la paideia helenística). Y no en vano, ya en el siglo XIII Santo Tomás de Aquino se esforzó en definir con claridad los límites estrictos entre filosofía y teología. Límites que este libro prefiere eludir a lo largo de su exposición.
Por José Antonio González