Juan Ignacio Macua de Aguirre: Demasiado Ignacio. Trama. Madrid, 2009. 320 páginas. 20 €
Con una muy sólida documentación sobre la vida de un personaje tan apasionante como Ignacio Sánchez Mejías, Juan Ignacio Macua de Aguirre (Logroño, 1936) ha construido una muy original trama de ficción con un título ya tan sugerente como
Demasiado Ignacio. Y la trama está en sí tan bien urdida como para que a los dos Ignacios ya citados se una un tercero, que es el protagonista central de la novela, Nacho Solozábal, joven director de cine al que le encargan una serie de televisión sobre la vida de Sánchez Mejías, uno de los tipos más seductores de la primera mitad del siglo XX, torero, dramaturgo, mecenas de la generación del 1927, poeta, novelista, presidente del Betis Balompié y finalmente trágicamente muerto en la plaza de toros de Manzanares en una tórrida tarde de agosto de 1934, en el año de su reaparición en los ruedos, para así inspirar el grandioso poema de Federico García Lorca, “
A las cinco de la tarde”.
Para justificar aún más el titulo, Macua crea la figura de otro Ignacio, Iñigo Echeandía, un veterano diplomático vasco, para que sea el conductor de la muy impresionante peripecia vital de Sánchez Mejías, y con gran virtuosismo introduce en la ficción elementos muy descriptivos de la vida española actual y una muy lograda reconstrucción de la de los años en los que el valeroso diestro paseaba su potente personalidad por las tertulias literarias de Sevilla y Madrid, en los ruedos de España y México, los escenarios teatrales y los amaneceres de las alcobas de aquella España irrepetible.
En la novela hay pasajes especialmente atractivos, como la descripción de las andanzas de los brillantes poetas y escritores del 27, de la relación entre ellos y de las incursiones eruditas sobre el presente, como la que, sin duda, recrea la opinión del autor sobre la cocina española de hoy, sus vinos y los grandes escritores gastronómicos. Muy bien relatada está la muerte de uno de los personajes, que no desvelo aquí; y para satisfacción del lector, la edición es magnífica y se enriquece en todos los sentidos con las ilustraciones a carboncillo del propio Macua sobre Ignacio, su casa de Pino Montano, sus amigos Federico y Rafael, sus mujeres y los más sugerentes rincones de Sevilla.
Por Carlos Abella