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RESEÑA

Kevin Vennemann: Mara Kogoj

domingo 12 de agosto de 2012, 17:21h
Kevin Vennemann: Mara Kogoj. Traducción de Carmen Gauger. Pretextos. Valencia, 2012. 232 páginas. 22 €
Kevin Vennemann es uno de los jóvenes talentos literarios alemanes. Su primera novela, Cerca de Jedenew, fue acogida con gran entusiasmo crítico y traducida con rapidez a otras lenguas. Allí narraba una espeluznante historia de entre las muchas que contiene la masacre judía durante la Segunda Guerra Mundial: la frágil armonía que reinaba en una pequeña comunidad rural se quebranta para siempre con el avanzar de las tropas alemanas. La matanza es casi total. Solo un par de chicos, casi niños todavía, sobreviven a la furia de los campesinos y los soldados. Escondidos en un refugio observarán impotentes el destrozo de cuanto les rodea.

En esta segunda novela se enlaza con ese violento pasado en el intento de trazar un puente resbaladizo hasta el presente actual. Mara Kogoj y su compañero Tone Lebonja, dos encuestadores eslavos, tratan de esclarecer la terrible verdad ocurrida en la matanza de la región de Carintia, materia del debut literario de Vennemann, para un futuro juicio. Entrevistarán para ello a un altivo alemán, Ludwig Pflügler: “Cuéntenos, lo que quiera y como quiera, sobre su infancia y adolescencia, cuando creamos que está divagando demasiado, nosotros, prudentemente, lo llevaremos otra vez al buen camino, y si no sabe cómo seguir tendremos de seguro en reserva alguna pregunta que otra, aunque en general no preguntaremos nada”. Sin embargo, las declaraciones de Pflügler tensarán poco a poco el trabajo. Por momentos, el patriota alemán toma el control de la conversación e impone una lectura de aquel pasado, hasta que Mara Kogoj se ve forzada a intervenir pues: “No se trataba de colocar a un país federal el rótulo de derechista. No se trataba de tildar de criminales colectivos a la generación de la guerra. Se trataba de un acto elemental de civilización: primero escuchar y luego responder. O callar.”

El escritor de Westfalia desarrolla una narrativa muy experimental en el que las opiniones de los personajes chocan con suma violencia entre sí hasta fundirse y confundirse. Hay un notable esfuerzo creativo en la narración, además de la violentísima deformación de la sintaxis y un complejo uso en el sistema de puntuación. Todo ello puede ahuyentar a un número elevado de lectores. Sin embargo, tal estrategia resulta efectiva y original para dar voz a un pasado a menudo doloroso y traumático, para repensarlo y, de alguna manera, metabolizarlo.

En Cerca de Jedenew, se servía de una mirada penetrante y perturbadora como solo la infancia puede aplicar sobre la Historia. En esta segunda novela constatamos como la literatura, en su esfuerzo por representar y contar la Historia, puede sugerir maneras interesantes de contemplar el pasado de manera crítica sin renunciar a la emoción. Kevin Vennemann toma la medida de las heridas morales alemanas, consciente de que la representación literaria de la Historia es todavía hoy una necesidad perentoria en el caso alemán. Desanudar las pulsiones a través de la verbalización y consecuente reflexión del pasado. Exorcizar el pasado del que como condena irremisible Alemania parece destinada a no poder zafarse. La denuncia, el compromiso y un noble empeño civil caracterizan esta segunda novela del joven escritor que se integra por méritos propios en la órbita de obras como Sobre la historia natural de la destrucción de W. G. Sebald. Ellas tienen una auténtica forma de dirimir pulsiones históricas, sociales y morales aún latentes al componer en su redacción una parte escondida de la memoria cultural alemana.


Por Francisco Estévez

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