Sinclair Lewis: Babbitt. Traducción de José Manuel Álvarez. Nórdica. Madrid, 2009. 456 páginas. 21,50 €
Primer autor estadounidense en ganar el premio Nobel, a quien la Academia sueca consideró como símbolo de la nueva y poderosa literatura de su país, Sinclair Lewis (1885-1951), nacido en el Medio Oeste americano, millonario en ventas y popularidad durante la década de los 20, tras alcanzar su primer gran éxito con
Main Street, sátira aguda de los valores del
Midwest, dos años después, en 1922, publicaba
Babbitt, su novela más famosa, donde caracterizaría, con variedad de matices y cruda ironía, al tipo medio del burgués puritano, afanoso de riquezas y de figurar en sociedad. A través de su protagonista, Lewis logró crear un estereotipo que hizo fortuna hasta el punto de quedar su nombre
incorporado al diccionario y, antes, al habla cotidiana del pueblo.
En sus primeros capítulos, el relato comienza con la descripción de un día de trabajo de George F. Babbitt, un vulgar y anodino hombre de negocios de una imaginaria ciudad provinciana quien, no obstante su apariencia de prosperidad y relativa opulencia, pronto se hará consciente de la vaciedad de su existencia, marcada por la distancia entre los logros materiales y los intelectuales, y por las radicales contradicciones de sus postulados morales. La caída en desgracia de su mejor amigo actuará como una especie de “
deus ex machina” para hacerle entrar en franca rebeldía hacia “…un mundo que, una vez puesto en duda, resultaba absurdo”.
Cuando, en plena experiencia de rebelión, todos los mecanismos sociales se pongan en marcha contra él, sitiándole, la enfermedad de su mujer será de nuevo el elemento personal del que se valga Lewis para hacer volver a Babbitt al redil, maltrecho y temeroso de su aislamiento, aunque interiormente nada convencido. Sin embargo, al final de la novela, aparece un momento clave que –en cierto modo– conseguirá redimir al personaje: el apoyo incondicional a su hijo a llevar su propia vida y huir de la mediocridad; aquello que él no fue capaz.
Si en
Manhattan Transfer John Dos Pasos mostraba el cosmopolitismo de Nueva York y la diversidad de razas que luchan por la existencia en la gran urbe, en
Babbitt supo Lewis describir, con minuciosidad de estilo, la ciudad en ascenso del interior, poniendo al descubierto su mezquindad de espíritu y culto exclusivo a la producción económica. Aunque su protagonista haya sido citado siempre como paradigma del “americano medio”, la eficacia de la novela consiste, de hecho, en la universalidad de su alegato: el perfil de Babbitt no es exclusivo de Norteamérica, sino que abunda en cualquier espacio o contexto con el dinero como eje prioritario. Esta circunstancia, vigente hoy día la global civilización capitalista, determina asimismo la sorprendente actualidad del relato, y del medio y las costumbres descritas en él.
Por José Miguel G. Soriano