Víctor Morales Lezcano

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VÍCTOR MORALES LEZCANO es Profesor Emérito (UNED-Madrid)

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Al sur de Tarifa al norte de Espartel

Cambio económico-social y esclerosis política en el Magreb central

06-11-2009

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En el último Congreso internacional sobre la población mundial que se celebró en Marraques no hace más de un par de semanas, los indicadores demográficos atinentes al Magreb central arrojaron -en millones de habitantes- los datos siguientes: Argelia (34.8), Marruecos (31.2), Túnez (10.3); mientras que el índice de fecundidad descendió a 2.3 en Argelia, 2.4 en Marruecos, y 2.1 en Túnez.

Esta disminución del crecimiento demográfico en toda la franja norteafricana del Mediterráneo occidental, impensable hace un cuarto de siglo, sitúa al Magreb central en un trampolín adecuado para dar el salto hacia una transformación social, económica y mental trascendental.

De acuerdo con E. Todd e Y. Courbage, la transición demográfica (en el norte de África) puede constituir el preludio a una transición hacia la democracia, siempre y cuando las fuerzas locomotoras que históricamente han propulsado esa transición, no se vean impedidas por pertinaces enemigos obstaculizadores de su cumplimiento efectivo.

Cuando hablamos aquí de enemigos obstaculizadores, nos estamos refiriendo, por ejemplo, a la herencia del presidencialismo a ultranza que caracteriza a Túnez desde la etapa Bourguiba; a la connivencia político-militar(ista) que sigue prevaleciendo en Argelia bajo la pax Bouteflika; y al sistema pluralista de Marruecos, aunque repleto de atavismos políticos y corruptelas.

La ecuación que proponemos, no estaría completa si no hacemos entrar en consideración la reflexión que, hace decenios, Barrington Moore suscitó, con brío y documentadamente, cuando nos dio a conocer que hay varias vías reconocibles para acceder al desarrollo de la modernización, incluso en sociedades gobernadas de acuerdo con pautas tradicionales, como ha sido el caso del Japón de la era Meiji y de la Alemania a horcajadas entre Bismarck y el Kaiser Guillermo II.

Sigue planteado, pues, el dilema de que si se armonizan transición demográfica, crecimiento económico y “modulación” cultural, ¿podría desplegarse una variante magrebí de acceso gradual al nivel de los tiempos, aunque pervivan en la Región regímenes y sistemas políticos que hunden sus orígenes en los años de obtención de la independencia (1956-1962) y pesan como un fardo oneroso?

Evitar el dogmatismo eurocéntrico es actitud intelectual prudente en estas lides. Es decir, no podemos zanjar la cuestión creyendo que sólo en el Viejo Mundo se dieron las condiciones de ruptura para trascender hacia estadios crecientemente avanzados. De otra parte, tomar partido crítico ante lo que nosotros consideramos defectos, disfunciones y dolencias políticas de las sociedades magrebíes, tampoco parece que sea una conducta honesta con nuestros vecinos territoriales e históricos.

Quizá sea la salida por la puerta de la reflexión abierta de par en par a varias vías de solución, la manera de evitar el Scilla y el Caribdis que amenaza siempre en circunstancias de transición irregular y prolongada como las que el Magreb central viene recorriendo desde hace muchos años.







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