Deudas, chinos, europeos y el Tea Party
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 06 de noviembre de 2010, 18:29h
El presidente de la reserva federal norteamericana, Ben Bernake, acaba de proponer la compra masiva de bonos para activar su desfalleciente economía. Bernake, un republicano de religión judía, es un gran experto en la historia de la crisis económica de 1929, y todo lo que vino después: el totalitarismo, la guerra, y también, el nuevo orden económico con Franklin D. Roosevelt. Confiados en esa sabiduría, casi todo el mundo político y económico –es decir: dentro y fuera de los USA- ha aceptado que la economía americana compre ¡420.000 millones de euros hasta el año 2011!
La noticia habrá cogido a las autoridades económicas europeas, como siempre, dormidas en su proverbial ortodoxia conservadora en política monetaria. ¿Hasta cuando se podrá mantener una estrategia que sólo le viene bien (electoralmente) a Alemania? Los norteamericanos, que tienen unas tasas de interés alrededor del cero por ciento, con esta masiva compra de bonos, en la práctica, están devaluando el dólar. Cuando Bernake anunció su plan, la relación del dólar con el euro llegaba a 1,41 a favor de la moneda europea. Con esa devaluación ¿cómo seguir exportando desde la Unión Europea con esa desventaja monetaria?
Lo que está sucediendo hoy con el dólar, recuerda la devaluación que llevó a cabo el presidente Nixon a comienzos de los años setenta. La sacrosanta relación entre el dólar y el oro, en la que se basó la prosperidad de Norteamérica y de Europa tras la guerra, saltó por los aires. A continuación, llegó la crisis del petróleo, y el desorden económico mundial que dura hasta nuestros días.
Y aquí nos encontramos con los problemas del euro que Europa desdeñó. Se puso el énfasis en parámetros, llamémoslo así, “posmodernos”: deuda, déficits, inflación y tasas de interés. Pero tampoco se cumplieron religiosamente, especialmente, por los grandes países europeos: Alemania y Francia, destacadamente. El presidente del Banco Europeo no tiene la autonomía y la autoridad del presidente de la FED norteamericana. Al Trichet de turno le mandan los dirigentes gubernamentales de algunos países europeos. Es como si al Bernake de turno le ordenasen los gobernadores de California o de Florida, para salvar desastres financieros de sus Estados. Lo que sucede, además, es que ni siquiera el presidente de los Estados Unidos puede mandar sobre el presidente de la reserva federal (FED).
La debilidad del euro viene, a mi juicio, de dos limitaciones antiguas: que la moneda única carece de un presupuesto europeo real, y no ese sucedáneo que aprueba el parlamento europeo. Y en segundo lugar, que tampoco tiene detrás una fuerza militar que respalde sus distintas políticas exteriores. Como se comprobó en Yugoslavia -y ese país que se llamaba así de soltera, no estaba en el Pacífico sino cerca de Viena- fueron los norteamericanos, con su dólar y sus marines, los que les dijeron basta a los criminales serbios. Después llegó Europa para impartir justicia internacional.
Indudablemente, los descomunales déficits presupuestarios, y la gigantesca deuda pública, que atenazan a la economía americana es una herencia que Obama recibió de Bush. Es el costo de los gastos internacionales, especialmente, los defensivos, que cambiaron unas cuentas públicas que Bill Clinton entregó a su sucesor con superávit. Ese fácil endeudamiento público se trasladó a las familias norteamericanas. Los Estados Unidos es hoy una nación que debe mucho dinero. Pero tiene una moneda que sigue siendo moneda patrón en el mundo, en gran medida, porque detrás se encuentran las fuerzas armadas más poderosas, y unos presupuestos que condicionan la economía del planeta. Los “mercados” encuentran garantías por eso en Norteamérica. Y ahí están los chinos, comprando con alegría la deuda americana.
El problema se plantea cuando China inunda el mercado americano con sus productos. Pero no sólo con sus marcas. Muchas firmas norteamericanas fabrican sus productos en el país (comunista) de Mao para después venderlos en Estados Unidos (dadas las ventajas con empleados que no ¿quieren? sindicatos, y con crédito abundante). Es una historia de ciencia ficción: el capitalismo más emblemático está unido ¿sentimentalmente? con el aparato estatal que inventaron Lenin y sus discípulos de la República Popular China.
Este desasosiego ante la crisis económica y social ha estado detrás del gran éxito del movimiento “Tea party”. Mientras los partidos tradicionales –los demócratas, y los que todavía respetan a Lincoln o a Eisenhower entre los republicanos-, tienen un mensaje liberal, y por eso, moderadamente frío, los secuaces del “Tea party” actúan con fe religiosa: movilizan con entusiasmo a sus seguidores, que son mucho más que votantes. Su militancia está dispuesta al sacrificio. En ese sentido tienen los elementos movilizadores que caracterizaron a los partidos comunistas. Poseen un proyecto integral para el futuro. Se inspiran en un pasado que no tenía las corrupciones del presente. El “Tea party” es un sistema político autosuficiente, que llegará a acuerdos sólo cuando crea que son buenos para seguir avanzando hacia sus metas revolucionarias. Lo mismo que los comunistas de las épocas heroicas. ¿Podrá Obama aislar ese movimiento? ¿Lo integrará el sistema constitucional norteamericano? Una muestra más de la creatividad de la democracia de ese país.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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