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El inesperado regreso de las élites

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
lunes 05 de agosto de 2013, 20:32h
Tras la II Guerra Mundial el llamado mundo occidental se vio obligado a suavizar el sistema capitalista a fin de ser más competitivos frente al bloque del Este. Una vez caído el enemigo, la libertad de mercado ve extendida ante sí una infinita alfombra roja: ¡ancha es Castilla! Tan sólo es necesario acabar con los resquicios e inercias heredados de una época en la que se le ponían frenos a la avaricia.

Las orondas clases medias de los países ricos vivían bajo la ilusión de un capitalismo de masas en el que, cada uno en su correspondiente medida, lograba disfrutar no ya de la satisfacción de las necesidades básicas, sino incluso del acceso a algún que otro capricho. Gracias a la industrialización de nuestras vidas y el traslado intercontinental de las clases más sometidas, el ciudadano occidental logra, además de derechos civiles, políticos y sociales, el derecho al consumo.

Pero el dulce sueño de los excesos y de la aspiración sin límites ha terminado. Al despertar, asistimos atónitos a un regreso que nos espanta: el de las élites económicas reclamando su innegociable posición de poder. La riqueza es una situación de ventaja relativa, y para que la cúspide siga siendo cúspide los de abajo tendrán que ceder proporcionalmente, como una montaña que se hunde de camino al infierno.

Es así que pasan impunes ante nuestros ojos los beneficios fiscales y las facilidades para las grandes fortunas, los ridículos mimos hacia las ganancias empresariales, la benevolencia con la banca, y en general el dejar hacer y dejar pasar... para algunos. Mientras que a otros se les concede una agresiva subida del IVA, la bajada de los salarios, el empeoramiento de las condiciones laborales, recortes sociales y múltiples ataques al Estado del Bienestar. Todo ello disimulado bajo el hipócrita discurso del sacrificio.

El FMI recomienda subir aún más los impuestos indirectos y bajar los salarios, mermando con ello el poder adquisitivo de las bases sociales. El ciudadano convencional no se lleva el dinero a Suiza ni lo invierte en una SICAV, lo destina al consumo. Si la gente no tiene poder adquisitivo no puede comprar, si no compra bienes y servicios la creación de empleo carece de sentido. La recomendación del FMI tendría que ir acompañada de un ambicioso plan de empleo para que no fuera víctima de la picaresca empresarial. Esa reducción del salario se tendría que traducir en una bajada real de precios y en la creación efectiva de nuevos puestos de trabajo. De lo contrario sólo permitiría inflar los beneficios.

Claro que esa es la lógica productivista convencional. La que exige mimar a los capitales para que no huyan. La que antepone el consumo como motor económico ante cualquier otro factor (como el humano o el ecológico). Es imprescindible replantear las necesidades reales de la población y dejar de pensar en términos de salarios y tasas de empleo, para finalmente aprender que el trabajo tiene que estar vinculado a un criterio de utilidad real.

José María Zavala

Sociólogo

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