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EDITORIAL

El verdadero rostro de Chávez

11-05-2008

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La operación que puso fin a las actividades delictivas del cabecilla de las FARC Raúl Reyes levantó más de una ampolla en las ya de por sí tirantes relaciones entre Colombia por un lado, y Venezuela y Ecuador por otro. Resulta obvio que un país soberano es dueño de su territorio, y en base a ello las actividades que se desarrollen en suelo propio son de su única competencia. Pero no es menos cierto que, en determinadas circunstancias, gobiernos de países fronterizos establecen acuerdos de cooperación por encima de límites territoriales. Buena vecindad.

Ocurre que, en la operación mencionada, Raúl Reyes fue abatido en suelo ecuatoriano, y parece que la operación no fue comunicada a Quito hasta casi el mismo momento de su ejecución. Quizá porque Uribe temía que, caso de avisar con tiempo, el aviso en cuestión sería oído por más de uno, sobre todo si ese uno simpatizaba con las FARC. Dicho lo cual, la crisis se solventó con más o menos verosimilitud. Pero estos días se ha destapado finalmente algo que, al parecer, ponía bastante nerviosos a los dos presidentes andinos, sobre todo al venezolano: las revelaciones que pudiera contener el ordenador personal de Raúl Reyes. Gracias a ellas, sabemos ahora algo que ya se rumoreaba con insistencia, casi un clamor: Chávez, según estos testimonios, habría financiado a las FARC, y les habría solicitado adiestramiento militar para sus “círculos bolivarianos”.

Tales afirmaciones, lejos de sorprender, no hacen sino confirmar algo que ya era sabido: los vínculos de Chávez con la narcoguerrilla. Lejos quedan ya -afortunadamente- los tiempos en que las guerrillas de América Latina tenían ese halo romántico del que lucha bajo pabellón izquierdista contra los abusos del capitalismo. Ahora las cosas son bien diferentes, y los guerrilleros de antaño son hoy narcotraficantes sin ideología política, por mas que quieran barnizar sus actos de una pátina marxista que hubiera asombrado al filósofo alemán cuyas teorías quedan, por lo demás, muy fuera de la comprensión de sus pretendidos seguidores caribeños. Entre otros, para Chávez, cuya competencia intelectual suele quedar patente en sus apariciones televisivas. En todo caso -y más allá de consideraciones ideológicas- estamos ante un personaje que financia a terroristas y narcotraficantes con el único fin de desestabilizar a una nación soberana, como es Colombia. Lástima de petróleo. Lástima también para nuestra imagen en América que el señor Moratinos no hubiera comprendido en sazón que gobernantes de esa calaña no pueden ser admitidos como clientes de la industria española de armamentos.







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