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En Egipto se prefiere la injusticia al desorden

Víctor Morales Lezcano
lunes 22 de julio de 2013, 20:30h
La ciudadanía y el campesinado de Egipto están inmersos en el mes de ayuno o Ramadán, prescrito por el Corán. No se olvide, a propósito, que el mes de ayuno en pleno verano no es menos arduo de sobrellevar que cuando el Ramadán cae en cualquiera de las otras estaciones del año.

El hecho de que el golpe contra el gobierno de Mohamed Morsi se haya desencadenado el 3 de julio parece no ser una casualidad; al menos, en cuanto que la gestación del acto militar orquestado desde la cima del mando en El Cairo venía fraguándose desde hacía semanas. Mes de Ramadán en la umma del orbe musulmán. Verano, pues, en el país del Nilo. Golpe de estado en un Egipto que, tras las sacudidas políticas, sociales y económicas del paréntesis “primaveral”, ha caído en manos de un gobierno provisional teledirigido por el alto mando militar. El presidente del gobierno, ahora, se llama Hazen Beblaui, quien promete convocar en el transcurso de los próximos meses un referéndum constitucional que precederá sendas elecciones, legislativas y presidenciales. La pregunta pertinente sobre tan programado horizonte político podría formularse así: ¿será factible la previsión y el cumplimiento de este calendario a la luz de dos consideraciones de envergadura, como son la de naturaleza política y la de índole económica?

Admítase aquí que demos prioridad a la política. ¿Es que se puede gobernar Egipto -por el momento, claro está- con la cofradía de los Hermanos Musulmanes en contra de los nuevos señores del poder? Además, no solo en contra, sino con el presidente depuesto convertido en rehén de los golpistas; y lo que es más, con el agravante del “desmoche” total del partido Libertad y Justicia -emanación de la Cofradía- que encabeza Mohamed el-Beltaqui. Puesto que si parece haber consenso de opinión sobre el ejercicio exclusivista y excluyente del poder por parte de los Hermanos Musulmanes durante el año de duración de la presidencia de Morsi -en detrimento de liberales, laicos, coptos y mubaraquistas camuflados, perdedores en las urnas todos ellos-, no es menos evidente en estos históricos momentos del Egipto contemporáneo el hecho de que los Hermanos Musulmanes también son hijos natos del país del Nilo, que ganaron en las urnas una legitimidad incuestionable, y actualmente van camino de ser oficialmente erradicados. ¿Puede, por tanto, gobernarse una nación mediterránea amputándole voz y voto a casi la mitad de sus ciudadanos?

Hilvanemos a continuación el aspecto económico y financiero que aflige a Egipto desde tiempos inmemoriales.

Como hemos señalado en nuestra columna “El ejército, de nuevo, se erige árbitro en Egipto”, pobreza, analfabetismo y déficit crónico son tres plagas que se vienen cebando con la población nilota y campesina del país. Nobleza obliga a reconocer que la administración y la hacienda de Egipto durante el paréntesis primaveral (2011-2013) no ha hecho sino empeorar, tal y como las estadísticas nos lo recuerdan ad nauseam. Se puede aprobar una reválida, aunque ello no garantice un recorrido universitario de excelencia.

Ahora bien, la aportación americana al tesoro (y en particular, al ejército) de Egipto, ha sido un salvavidas que no evitará a la larga el naufragio del presidencialismo castrense en vigor desde 1952. Ni incluso los doce (¡doce!) billones de dólares que el trío compuesto por Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Unidos acaba de transferir al nuevo ministerio de finanzas egipcio (en manos de Ahmed Galal) podrán salvar la república de los estragos acumulados que han lesionado sin misericordia su salud económica y financiera, decenio tras decenio.

Por su lado, el mundo anglosajón ha tenido la oportunidad de hacer gala, una vez más, de su habitual dechado de hipocresía política. Léase, si no, la puntualización de Barack Obama a las cuarenta y ocho horas de haber triunfado el golpe militar en El Cairo, apuntando a la neutralidad de Estados Unidos en el transcurso del acontecimiento; o las biempensantes recomendaciones de Catherine Ashton, pidiendo en nombre de la Unión Europea un ambiguo back to normalcy en el país del Nilo. O sea, dicho con una sentencia de manual: (el mundo anglosajón) prefiere la injusticia al desorden.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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