Víctor Morales Lezcano
VÍCTOR MORALES LEZCANO es Profesor Emérito (UNED-Madrid)
AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL
Ha llegado el día después en el norte de África
Prácticamente, se ha cerrado el proceso electoral democrático con el que Túnez, Egipto y Marruecos se comprometieron al iniciarse las reformas revolucionarias hace ahora un año.
En Túnez, las elecciones para componer la Asamblea Constituyente dieron mayoría relativa al partido del “Renacimiento” (“Ennahda”), de signo islamo-moderado. Formaciones políticas de corte liberal y social-demócrata, sin embargo, han obtenido una representatividad estimable, lo que ha permitido al “Congreso por la República” ocupar provisionalmente la presidencia del Estado. Equilibrio, pues, entre las opciones políticas tunecinas, en liza desde que se perfiló el proceso de cambio revolucionario al desplomarse el régimen del presidente Ben Ali como si de un castillo de naipes se tratara.
Por el contrario, en Egipto no han faltado, desde un principio, alternativas inquietantes: ¿república aconfesional (nada probable en el Islam) o república clerical (bastante probable, en cambio?). ¿Democracia incipiente tutelada por el ejército, o marea creciente de acracia acéfala?. Luego de un prolongado proceso electoral, los resultados que han arrojado las urnas no han dejado de sorprender a propios y extraños. Debido, ello, a que, así como se esperaba un triunfo del partido “Libertad y Justicia” -retoño legítimo de la “Cofradía de los Hermanos Musulmanes”-, que ha obtenido un 46% de los votos emitidos, ha resultado sorprendente, sin embargo, que los candidatos surgidos del seno del partido salafí “La Luz” (“Al-Nur”) hayan logrado el favor de un 35% de la masa electoral egipcia. Mientras que el centro liberal ha salido mermado (19%) de la contienda que está a punto de concluir.
Valgan dos puntualizaciones que, de otra parte, se desprenden de una somera lectura de los datos constatados. En Túnez, ganan los islamistas moderados, pero no quedan ominosamente relegados los partidos con perfil liberal. Por el contrario, éstos últimos salen poco airosos en Egipto de la “selección natural” (provisional, en tanto en cuanto estos comicios conducirán a otra Constituyente responsable de redactar una Carta Magna para el país del Nilo). Los islamistas moderados, en cambio, no sólo ganan, sino que tienen a los radicales del Islam político pisándoles los talones.
Entre los aspirantes a presidir la república egipcia en transición, hay una plancha de candidatos que se pronuncian sin titubeos. Es el caso de Amro Musa (liberal no exento de connotaciones de tipo antiguo régimen) y Ahmed Shafiq (comandante del ejército del aire no exento, tampoco, de discretas preferencias hacia la autocracia que encarnó Mubarak). Entre los candidatos musulmanes a ostentar la más alta magistratura en Egipto, se postulan Abdel Moneim Abul Futuh y Hazem Salah Abu Ismail: el primero, crecientemente ponderado en su línea de conducción; el segundo, fiel al Islam político radical, sobre todo en lo concerniente al tema de la denuncia del acuerdo de paz con Israel firmado en Camp Davis.
En nuestro vecino Marruecos -lo acabamos de subrayar en EL IMPARCIAL-, las tornas electorales favorecieron al PJD, que encabeza Abdelilah Benkirane, dotado de una personalidad que no pasa desapercibida. Sin embargo, la política de alianzas, dentro del espectro pluripartidista marroquí, ha forzado al PJD, tampoco favorecido por una mayoría absoluta, a una coalición de gobierno que no habrá disgustado al rey ni a sus consejeros antiguos, o a nuevos recipiendarios en el entorno majzení, como Fassi Fihri.
Por el momento, el Islam político “domesticado”, como comentan socarronamente voces críticas con el proceso de democratización desde arriba que se está implantando en Marruecos, con el que se topará el gobierno popular de Mariano Rajoy, cuenta con pesos pesados de signo diverso. Reténgase, el caso de Abdellah Baha, S.E. El Othmani y de Mustafa Ramid, islamo-moderados de solera, ubicados en los Ministerios de Estado, Exteriores y Justicia respectivamente. Mientras que Mohamed Laenser y Nizar Baraka, respectivamente en Interior y Economía/ Finanzas, ponen rostro y decoro al “Movimiento Popular” (berberista) y al inveterado “Istiqlal”.
He aquí, sucintamente y que lo digan, el mapa político que vecinos próximos, e incluso menos próximos, del norte de África, harán bien en tener presente pensando en el “día después”; que acaba de llegar, por cierto.




