Andrea Donofrio

Andrea Donofrio

ANDREA DONOFRIO es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

adonofrio@hotmail.com

Todos los artículos de Andrea Donofrio

PORTADA » opinión

los subterráneos

La vita è bella

22-06-2008

imprima esta noticia ENVIAR O COMPARTIR ENLACE

El primer mes del gobierno Berlusconi ha pasado generando perplejidad y preocupación: el Presidente del Gobierno intenta demostrar que para “superar” la crisis italiana es necesario sobrepasar el Estado de derecho y recurrir a poderes especiales que justifiquen estas excepciones. Sin embargo hay que reconocerle un éxito: aprovechándose de la debilidad de una oposición nunca coherente o unida, Berlusconi parece haber domesticado la opinión pública nacional. Como demostración de eso, el Presidente ha decidido libremente cuáles son las prioridades y las emergencias a las que su gobierno debe enfrentarse. Así la gente ha percibido más importante una ley sobre las interceptaciones telefónicas que gestionar la crisis de Alitalia; igualmente, resulta más importante militarizar las calles con 2500 soldados del ejército que enfrentarse de una vez con el problema de la basura (lejos de ser solucionado a pesar de las proclamas gubernamentales). Y, ¿por qué tanta prisa para aprobar leyes en materia judicial? Las nuevas leyes en materia, estableciendo una jerarquía de crímenes y programando la agenda laboral de un juez, suponen una evidente violación del Estado de derecho en un país “democrático” como debería ser Italia. Se alimenta el miedo al “extranjero”, al diferente, a través de una campaña xenófoba y racista: mientras Italia celebraba el 2 de junio, en las calles del Norte, la Lega pegaba carteles representando indígenas americanos con la escrita: “Ellos han sufrido la inmigración y ahora están en las reservas”. Mientras Calderoli, Ministro por la Simplificación Normativa (¿?) declara que el Tratado de la Unión Europea es papel sucio que se puede romper, el gobierno apuesta por una postura europeísta.

Sin embargo, lo peor de todo eso es que, a pesar de una escala de prioridades discutibles, de unas leyes “ad personam”, la gente no parece capaz de entender la separación entre emergencias nacionales y necesidades personales. El estado de derecho se deforma, la política se convierte en negocio privado y el Parlamento en una institución-marioneta. Quien se esperaba un Berlusconi diferente, más conciliador y preocupado por el país, se queda atónito y decepcionado: sin embargo, parece difícil esperarse una “conversión”, un repentino cambio en un hombre de 72 años. La carrera berlusconiana en contra de las reglas democráticas parece haber empezado: lo que resulta más preocupante es la aceptación tácita de un pueblo entero, siempre dispuesto a justificar sus gestos y sus ejercicios vocales como actos de folclore; sus problemas con la justicia como “normales y corrientes, típicos de cualquier político”. Como si Italia no mereciese algo mejor.



Para contactar con el autor: adonofrio@hotmail.com




enlaces patrocinados