Víctor Morales Lezcano
VÍCTOR MORALES LEZCANO es Profesor Emérito (UNED-Madrid)
AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL
Marruecos pierde a un preclaro ciudadano
En mi trayectoria de historiador de las relaciones franco-hispano-magrebíes, Marruecos ha jugado un papel prioritario. Muy en particular, el tema del “desencuentro” entre España y su vecino del sur por excelencia: el reino de Marruecos.
Ocasionalmente, me pongo a contemplar en retrospectiva mis treinta años largos de frecuentación del país, de sus gentes y de círculos muy definidos de sus dirigentes.
Estos últimos podrían estar en el poder, o en la oposición, cuando yo hacía visitas frecuentes a Marruecos. También cabría -cabe, de hecho, todavía- que los miembros de estos círculos marroquíes fuesen a-partidistas; e, incluso, a-políticos. Esta segunda opción, a propósito, nunca la he podido hacer mía, integrarla en mi proyecto vital y público. Ello ha sido así porque que soy consciente de que la historiografía, a pesar de intentar escapar a los condicionamientos ideológicos y a las preferencias personales del autor -luego racionalmente explicitadas-, casi siempre está impregnada, sin embargo, de una percepción politizada de los problemas y de las soluciones que los protagonistas históricos han inventado para lograr resolver aquéllos.
La muerte de Abraham Serfaty hace poco más de una semana, ha despertado en mí no pocos recuerdos de este empedernido luchador político a favor siempre de las libertades y la democracia. Primero, manifestó Abraham su talante revolucionario en sus años mozos, que transcurrieron en la ciudad de Casablanca. Años que culminarían con la formación del legendario ¿partido? ¿grupúsculo? llamado “Hacia Adelante”. La iniciativa le haría sufrir las consecuencias represoras -de castigo, al modo musulmán- del poder monárquico marroquí y de sus fieles incondicionales.
Serfaty, sin embargo, no quiso permanecer encuadrado en las filas del partido comunista marroquí durante sus primeros treinta años, como también procuró -al radicarse en París- escapar a la ortodoxia proletaria del PCF durante el mandato prolongado de Georges Marchais.
Creo, en suma, que se puede comentar de él que fue un hombre de una izquierda imaginativa, de sensibilidad pública avanzada y de fibra incuestionablemente rebelde.
El asistió “desde dentro” (de Marruecos), y desde la prisión de Kenitra, para ser más precisos entre 1974-1991, y “desde fuera” (desde Francia, sin duda, por su matrimonio con Christine Dor, militante también del PCF) al largo reinado del difunto Hassan II (1961-1999). Pudo contemplar el funcionamiento de un reflejo, adquirido por la práctica política de los más destacados istiqlalíes y socialistas del Reino: “savoir contourner l´obstacle”. Así le gustaba a Serfaty expresar el comportamiento de los Bouabid y los Yussufi dentro de la internacional socialista; y la trayectoria de los miembros fundadores del Istiqlal, como Mohamed Douiri y Mohamed Bucetta. Es decir, era una expresión, un giro, que retrataba con acierto descriptivo el acomodo permanente a que se vio expuesta la clase política del Reino antes de 1956-1999 e, incluso, durante el decenio largo de soberanía de Sidi Mohamed VI.
Cuando el actual rey de Marruecos sucedió a su padre precisamente en el verano de 1999, una generosa amnistía de cuño real alcanzó a Serfaty, quien pudo regresar a Marruecos. Abraham residió primero en Mohamedía, donde tuve la oportunidad de departir con él largo y tendido en la terraza de su vivienda; mientras Christine cuidaba de que el cansancio que produce la locución en algunos enfermos, no le provocara una crisis de asma. Más tarde, la pareja se instaló en Rabat. No volvimos a vernos, pero siempre que viajaba yo a Marruecos, solía saludarle por teléfono. Al otro lado del aparato me agradaba oir su voz, ya disminuida, expresándose en francés a veces, en español en otras, pero siempre con la suavidad cortés de su manera de ser. Nadie podría adivinar, al escucharle, que hablaba una interesante figura de la oposición rebelde a la gestión del trono y de las familias políticas del sistema marroquí.
Como con otros destacados miembros de la comunidad judeo-sefardí de Marruecos (Germain Ayache, el importante historiador de la Universidad Mohamed V; Simon Lévy, actualmente director del Museo para el patrimonio judeo-marroquí, sito en Casablanca; y André Azoulay, consejero real a perpetuidad e ilustre vástago de la judería ilustrada de Essaouira), el autor de estas líneas tuvo siempre una comunicación fluida con Abraham Serfaty.
Ahora que la izquierda está tan perdida, conviene recordarle, para ilustración de los militantes residuales y para rendir tributo a un notable ciudadano del reino de Marruecos, quién fue Serfaty y cuáles fueron las motivaciones predominantes en su proyección pública.
Quien desee saber algo más de lo que acabo de evocar al filo de la muerte de Abraham Serfaty, puede leer otras noticias de algún interés en mi recopilación oralista, titulada “Diálogos ribereños. Conversaciones con miembros de la élite marroquí” (2002).
Veremos próximamente, cuál fue el punto de vista de Serfaty sobre la cuestión del Sahara occidental. Una cuestión que trae en jaque a Marruecos y a España por enésima vez.




