Víctor Morales Lezcano

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VÍCTOR MORALES LEZCANO es Profesor Emérito (UNED-Madrid)

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Al sur de Tarifa, al norte de Espartel

Revisión de los conflictos en el mediterráneo

01-07-2011

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Hemos ido entrando en el verano durante los últimos quince días transcurridos. De nuevo, nadie sabe cómo ha sido, aunque un mínimo ejercicio de distanciamiento nos indica que la “primavera árabe” inaugura la nueva estación con un mapa diferente a como empezó, adelantadamente, entre enero-febrero de 2011.

Túnez y Egipto, repúblicas con arraigo, han fijado sus calendarios electorales en un clima de incertidumbre política y retroceso económico. Ambos rasgos no son alarmantes, pero deseable es que no tarde en producirse el despeje de la situación en que están sumergidas.

Políticamente, el panorama egipcio es complejo en primera lectura.

De una parte, el Islam -radical y casi centenario- de los Hermanos Musulmanes se perfila en el horizonte en cuanto fuente nutricia de varias opciones político-religiosas que se prestan a ocupar la mitad de un hipotético hemiciclo parlamentario. De otra parte, se han vivificado en el país nilota las corrientes democráticas y liberales que conocieron una primera edición durante la monarquía que sufrió los recortes de soberanía que impuso a Egipto el protectorado de Gran Bretaña entre 1882 y 1936. Fácil es prever que no será cómodo para una y otra formación alcanzar cohabitación duradera y entendimiento rápido. Habrá que esperar a ver cómo se desarrolla este desenlace a partir de septiembre próximo. La expectación subirá entonces de tono.

Libia, por su cuenta, prosigue empantanada en una situación ambigua, postrada en el lecho de Procusto que se disputan tanto el núcleo de fieles a Gaddafi como el Consejo de rebeldes y disidentes instalados en Cirenaica. Y en medio, una suerte de “no man’s land”, cuyo perfil definitivo no termina de delinearse del todo en el fragor del combate. En relación con Libia no puede pasarse por alto la repercusión que está teniendo en las Cámaras estadounidenses la guerra desatada, meses atrás, en el país norteafricano. Demócratas y Republicanos se enfrentan en torno a la legalidad, o no, del apoyo militar americano a las fuerzas de la OTAN que sustentan el asedio occidental al “constructo” de Gaddafi. Ello ha saltado después de más de sesenta días de haberse implicado la Casa Blanca americana en el conflicto interno de Libia.

El ala republicana, con apoyo de no pocos demócratas (por aquello de “nobleza obliga”) ha apelado a la “War Powers Resolution” para echarle un pulso a Barack Obama, por el presunto incumplimiento presidencial de la ley y norma que regula situaciones de este calibre en Estados Unidos.

A la erosión de la legitimación inicial, necesaria en adelante para intervenir contra Gaddafi y sus fieles en el futuro, se suman las sugerencias de los italianos Franco Frattini, (ministro de Asuntos Exteriores) y de Umberto Bossi (jefe de la oposición al gobierno), en el sentido de inventarse una tregua que saque a Italia de la zona bélica en que se ha convertido el centro terrestre y marítimo del Mediterráneo. La garantía de un aprovisionamiento energético procedente de los oleoductos por los que fluye el petróleo libio, no es factor de poca monta en la óptica italiana sobre la guerra en Libia.

Que, en Siria, el aparato militar y policial de los Assad parece dispuesto a cortar, a sangre y fuego, la insurrección popular contra el gobierno de Damasco, es un panorama de verano sofocante que genera condenas verbales e inspira simulacros de bienpensantes en los organismos internacionales competentes y en las cancillerías del mundo demo-liberal y socialista. Sin embargo, el temor a que pueda incendiarse el teatro de operaciones árabe en Oriente Próximo, es prevención que viene dictando la inhibición de las potencias en ese escenario. Compruébese que, a no muchos kilómetros de Siria, Tel Aviv vigila con mil ojos el estado de las fronteras de Israel, en particular la sirio-libanesa, por razón del contencioso que se incubó entre 1948-1967 entre judíos israelíes y árabes.

Se cierra esta panorámica mediterránea de hoy, con el recordatorio de la celebración de la próxima Asamblea General de la ONU en Septiembre. La hipótesis válida, hasta hace poco, era la de un reconocimiento del Estado de Palestina en la alta instancia mundial, aunque considerables grupos de presión, de toda índole, han venido a difundir recientemente la especie de que es desaconsejable brindar la oportunidad del reconocimiento de Palestina como Estado árabe por los peligros dimanantes de dar un paso en esa dirección de sentido. Un paso anatematizado por el gobierno Netanyahu desde siempre.

Cuatro figuras de la cátedra, la política y el ejército israelíes, sin embargo, han manifestado por escrito, en un conocido diario internacional, las razones que, según ellos, aconsejan proceder al reconocimiento de un Estado palestino, que se codearía respetuosamente con el Estado de Israel, según estableció la resolución onusina nº 181 en 1947. Según Yossi Alpher, Colette Avital, Shlomo Gazit y Mark Heller -autores del escrito-, tal determinación es la única que puede poner punto final a un drama histórico que no admite su postergación en nombre del “securitarismo” a ultranza que blanden tantas potencias occidentales.

Ha de dar que pensar el desafío que acaba de lanzarse desde Tel Aviv en torno a un enclave geopolítico y civilizatorio (Palestina) de primera magnitud en el marco del Mediterráneo -desunido- que tanto nos duele a muchos.







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