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áfrica

Sudán del Sur: nace un nuevo estado, nace una nueva pesadilla

viernes 08 de julio de 2011, 10:58h
Con un 98 por ciento de votos a favor, el pasado mes de enero, Sudán de Sur, un país durante muchos años utópico e invisible al reconocimiento internacional, nacía de manera oficial entre los vítores de sus nueve millones de habitantes.

Surgía así un nuevo estado prácticamente de la nada, el número 193 para Naciones Unidas, y, con las estructuras políticas y económicas más endebles posibles, la esperanza de un futuro en paz empezó a germinar en el corazón del África negra.

La capital del nuevo estado, Yuba, se engalana en estos momentos para recibir a altos dirigentes de los cinco continentes, entre los que se encontrará el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, uno de los principales padrinos del nuevo estado. Las medidas de seguridad en la zona son extremas ya que, aunque las líneas de combate distan mucho de la zona, nada puede ensombrecer tan señalada fecha.

Por lo pronto, la otra mitad del, hasta este sábado, Sudán unido, cuya capital es Jartum, ha reconocido este viernes la soberanía del nuevo estado. Una buena noticia para el proceso de pacificación de la región y las futuras relaciones bilaterales.

Hambres, sequía, violencia...
En 2005, unas laboriosas negociaciones fueron la antesala de la firma de unos acuerdos de paz que pusieron fin a la violencia entre la región del norte de Sudán, de mayoría musulmana y de origen árabe, y la del sur, de población negra. El conflicto, que lejos de amainar se ha llevado la vida de 2.500 personas desde el referéndum de independencia de principios de año en las regiones fronterizas de Korofán y Abyei, sigue siendo el responsable de que más de cuatro millones de personas vivan el exilio repartidas entre los países vecinos, Estados Unidos, Canadá y Australia.

Si bien la independencia de Sudán del Sur, un territorio ligeramente superior al de España y que cuenta con importantes yacimientos de petróleo y de minerales muy cotizados bajo su suelo, será una efeméride que ha costado décadas de sufrimiento y decenas de miles de muertos, la realidad es que son más los problemas que las esperanzas las que se dibujan en el horizonte del estado neonato.

A la gravísima crisis humanitaria que padece la zona fruto de los combates hay que sumarle una sequía acuciante que complica en sobremanera la existencia de los habitantes de la región, que se ven avocados a vagar por las estepas en busca de pastos y pozos con los que alimentar a su gente y a su ganado. Además, las infraestructuras son casi inexistentes (sólo unos pocos kilómetros de carretera en todo el país están asfaltados) y el estado de derecho, los derechos humanos y la justicia apenas logran cruzar los límites de la ciudad de Yuba. De hecho, más de tres cuartas partes del país están bajo control de jefes tribales o de peligrosas milicias locales.

Ayuda "cuantiosa y constante"
De este modo, las organizaciones humanitarias ya han llamado la atención sobre el posible declive que sufriría Sudán del Sur si se le abandona a su suerte. Por lo pronto, más de 7.000 cascos azules de Naciones Unidas han sido destinados a la zona para intentar evitar que la violencia étnica y religiosa rebrote y las donaciones internacionales fruto de tan señalada fecha se han incrementado. ¿Pero qué pasará dentro de unos meses?

Diferentes ONGs han puesto el foco de atención sobre los millones de desplazados por el conflicto de Darfur, cuya cifra de muertos algunos cuantifican por encima del medio millón, y por las recurrentes hambrunas que asolan la región. El gobierno central, que en estos momentos encabeza el controvertido y pintoresco Salva Kiir Mayardit, ya ha afirmado que le será muy difícil poner en marcha un país en el que hace falta casi de todo, desde los servicios sociales más básicos hasta un ejército fiable, con las mínimas garantías y que la ayuda económica exterior debe de ser "cuantiosa y constante".

Por lo pronto, varias corporaciones ya han ofrecido desarrollar importantes proyectos petrolíferos en la región a cambio de jugosos contratos. Esto ha provocado que la corrupción en el país se haya disparado en los últimos meses y que los precios en la capital estén por las nubes, lo que ha conllevado que muchos sursudaneses hayan tenido que emigrar a las zonas rurales, mucho más pobres y desabastecidas, para poder sobrevivir.

De este modo, este sábado será un día de fiesta y alegría en todo Sudán del Sur. No obstante, será el primer país de África que logra la independencia en lo que llevamos de siglo XXI. Aunque las perspectivas a corto y medio plazo no son nada halagüeñas para la población local de no mediar la solidaridad internacional, el hecho de que más de nueve millones de personas cumplan su sueño de saberse libres y soberanas ya supone toda una victoria para el pueblo sursudanés, esperemos que no acabe por tornarse en una nueva pesadilla.
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