David Ortega Gutiérrez
David Ortega Gutiérrez es Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.
TRIBUNA
El debate que nunca se dio
Pero que debería de haber existido, por el bien de la democracia. Tenemos unos derechos fundamentales regulados en nuestra Carta Magna que todos tenemos que respetar, especialmente los poderes públicos (art. 9.1 CE). Sin embargo, incomprensiblemente, dejan fuera de cualquier debate a una fuerza emergente como UPyD, privando a los ciudadanos de conocer lo que dice este partido político. Ya sucedió el 22 de mayo en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, también ya lo denunciamos en su momento, y el tiempo ha demostrado que teníamos razón. La televisión pública de la Comunidad de Madrid privó a todos los ciudadanos de conocer nuestro mensaje, pero a pesar de ello logramos representación tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de Madrid. No se respetaron varios artículos de la Constitución, el 23.2 en el que se habla de la igualdad en el acceso a los cargos públicos o más específicamente el 20.3 en el que se señala que a los medios de comunicación públicos deben acceder los grupos políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad.
Lamentablemente la historia se vuelve a repetir, pero esta vez a nivel de las elecciones generales, los españoles no van a poder escuchar en la televisión que todos pagamos a un partido que claramente va a más, y que es el único que se presenta en toda España, que ya está representado en el Congreso de los Diputados, y al que se le veta su acceso a la televisión pública en un ataque directo a uno de los valores superiores que regula nuestra Constitución, nada menos que en su artículos primero, apartado 1: el pluralismo político.
Sin embargo, vamos a hacer un esfuerzo para que los ciudadanos puedan conocer lo que hubiera sucedido en ese debate que nunca se dio. Para constatar tristemente que los grandes problemas que afectan a los 46 millones de personas no se pondrán sobre la mesa, ¿qué no oiremos en ese debate? Varios puntos relevantes.
En primer lugar, nadie hablará de la organización territorial del Estado, sin duda, el principal problema estructural que tiene España. Nadie señalará que entre el PSOE, el PP y los nacionalistas han creado una España autonómica inviable, ineficiente y que económicamente no se sostiene. El gasto absurdo en organismos inservibles creados por el PSOE, el PP y los nacionalistas, en duplicidades y descoordinaciones fácilmente evitables, nadie salvo UPyD lo ha puesto sobre la mesa. Más de 26.000 millones de euros nos podríamos haber ahorrado anualmente si se hubiera gestionado la res publica con más eficacia y sobre todo eficiencia.
En segundo lugar, nadie hablará de los 70.000 millones de euros que perdemos anualmente también por el fraude fiscal que toleran PSOE y PP. De cada cuatro euros que circulan en España, uno no tributa. Algo realmente inaceptable.
En tercer lugar, el PSOE y el PP no hablarán de la politización que ellos han protagonizado de las Cajas de Ahorro, con el conocido y lamentable resultado que todos conocemos y padecemos. Esto sí que es un problema de primer orden en nuestra crisis económica.
En cuarto lugar, no hablaran de la falta de respeto que han tenido por instituciones básicas del Estado como el Poder Judicial, que ambos, PSOE y PP han maltratado y politizado, como el Consejo General del Poder Judicial, y el propio Tribunal Constitucional.
En quinto lugar, no hablarán de las enormes desigualdades que el Estado autonómico actual ha producido en materia de educación y de sanidad. No podemos tener 17 sistemas educativos y diferentes y desiguales coberturas sanitarias dependiendo de la parte de España donde vivamos. Por no hablar, por supuesto, de la ruptura del mercado interior, con más 100.000 normas económicas en toda España.
Y para terminar, seguro que no hablaran de un sistema electoral que aprobaron las últimas Cortes franquistas y que hoy se mantiene por interés principal del PSOE y del PP. Un sistema electoral que genera una democracia cerrada y desigualitaria, donde prácticamente es imposible que nazca una nueva fuerza política, pues pone unas barreras altísimas para su progreso. En cualquier caso, como el 22 de mayo, el 20 de noviembre y a pesar de todas las barreras, el pueblo español dará una gran sorpresa a cierta clase política algo caduca y que precisa de una profunda renovación.




