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paso cambiado

¿Es un chulo Rajoy?

viernes 16 de marzo de 2012, 08:30h
El debate parlamentario de este miércoles sobre la cumbre europea ha tenido como consecuencia un florido debate en las redes sociales sobre la prepotencia, soberbia o chulería de Rajoy con las minorías. El asunto es interesante, porque al presidente del Gobierno se le pueden achacar desde la izquierda muchas cosas (desde la derecha, bastante pocas), pero es difícil ver en él un iluminado que desprecie a los demás.

¿Qué sucedió para que se levantara la polvareda? En realidad, un ataque de impaciencia, muy leve para quien esto escribe, que lo hubiera tenido media hora antes, al oír la avalancha de insensateces desde los bancos de la izquierda plural (más bien singular) ex o post o ecocomunista.
Decir que esas izquierdas se ha quedado en el siglo XIX y no se han enterado de que estamos en 2012, como les dijo Rajoy, es lo más suave que se les puede decir. Si hubiera dicho que estaban en el siglo XX les hubiera acusado de la verdad, de seguir soñando con la toma del Palacio de Invierno, que es el período en el que se quedaron, en esas décadas que median entre la Revolución rusa y la caída del Muro de Berlín. De hecho, esa izquierda que no sabe cómo llamarse para no molestar sigue ahí colgada, como los murciélagos se cuelgan de las rocas.

¿Es una chulería decir que no se enteran de nada en los modernos procesos económicos y sociales? Más bien es una descripción que un insulto. Y se puede entender que la izquierda esté en crisis (la comunista, pero también, por otras razones, la socialdemócrata), pero no es la cosa como para pedirle perdón, sino para que pida perdón ella a los demás.

Si oímos a la izquierda plural y a la singular, el asunto es muy sencillo. Explicamos el mundo por la lucha de clases y nos quedamos tan anchos. Se le quita a los ricos y se les da a los pobres. Y ¿a qué ricos? A los que ganan un euro más que nosotros. Claro que, si eso pasa, nos quedamos nosotros como los más ricos, y empezarían a quitarnos a nosotros, y después a los siguientes, hasta el infinito. El objetivo es que todos termináramos como los más pobres, y así no nos podrían quitar nada.

Por supuesto, en el modelo de la izquierda singular o plural, hay que empezar con las grandes fortunas, pero continuar con los empresarios, que siempre son los más ricos. Salvo que quiebren, en cuyo caso se lo merecen por "especuladores y despedidores", en inigualable hallazgo semántico del sindicalista de UGT de Madrid, señor Martínez, relevante consejero de Bankia. Es decir, cómplice de dos abyecciones: el sistema financiero (especulador) y la empresa (despedidor).

Si llegáramos a la felicidad, y acabáramos con Bancos y empresas (lo que sería una lástima para el señor Martínez, que tiene una modesta asignación de 180.000 euros), tal vez tuviéramos un problema, que es que ni el señor Martínez ni los demás tendrían más trabajo que el de dedicarse al trueque entre gallinas y alcachofas. Y sería lamentable, porque a ver quién le pagaba el sueldo a los liberados sindicales, que estos días están luchando denodadamente para hacer una huelga general contra los empresarios con el tiempo libre y remunerado por estos mismos empresarios.

Rajoy no es un chulo, sino un santo por aguantarles. Y su santidad es superlativa cuando tiene que soportar a Amaiur, que ya es el colmo parlamentario por representar a la izquierda más miserable, la que ha unido en su imaginario el mito de la revolución y la barbarie del terrorismo, aderezados por algo tan moderno en la sociedad globalizada como el independentismo.

Como ha quedado claro, la izquierda, singular o plural, tiene todo el derecho del mundo a decir lo que le venga en gana, a manifestarse y a hacer las huelgas que considere convenientes. Pero aburren a las ovejas y sacarían de sus casillas hasta a Job. Incluso a Jobs, Steve.

Al menos, su presencia parlamentaria tiene una ventaja, que le indica a Rubalcaba que tiene que limitar su número de veleidades izquierdistas. Por eso, con las formas críticas que se quieran, el secretario general del PSOE apoyó en el fondo las generales de la ley de Rajoy: austeridad, disciplina presupuestaria, estabilidad, reforma financiera, apertura del crédito para el pago a proveedores, etcétera. Pues Rubalcaba, le pese lo que le pese, sabía que Rajoy se está abriendo paso a trancas y barrancas en medio de la crisis; que su gestión sobre el déficit en Europa ha sido de gran habilidad (hábilmente disimulada); que tal vez pueda tener éxito al final, y que no conviene que el PSOE se quede como el convidado de piedra si algo, alguna vez, sale bien en España. Siempre que los españoles mantengan en el zoológico a la izquierda plural. Ya la singular.
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