Juan José Laborda

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JUAN JOSÉ LABORDA MARTÍN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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tribuna

Félix Pons, un aristócrata de la política democrática

03-07-2010

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El fallecimiento de Félix Pons produce ese sentimiento de injusticia que toda muerte genera. En este caso, más aún. Objetivamente, porque Félix era un persona muy valiosa intelectual y moralmente. Subjetivamente, porque era un hombre relativamente joven y que estaba disfrutando alegremente de sus recientes nietos.

Nos entendimos perfectamente como presidentes del Congreso y del Senado. Y cualquiera que conozca la dinámica de las dos Cámaras, sabe que no es fácil, ni frecuente. Cuando yo llegué a presidir el Senado, él ya llevaba una legislatura al frente del Congreso. Lo que significa que con tres legislaturas, el presidente Pons es el que más tiempo ha permanecido al frente de una Cámara nacional en esta etapa democrática.

La manera como Félix Pons ejercía la presidencia, fue, desde el primer día, el modelo que yo quise seguir: imparcialidad radical a la hora de tomar decisiones, asunción del pluralismo implícito en una institución parlamentaria, un estilo serio y algo austero representando la institución, atención a los hechos culturales y una apertura selectiva a la sociedad española, y también, a la de los países con sistemas democráticos como el nuestro.

De hecho, el equipo de funcionarios parlamentarios que nombré para gobernar el Senado, fue seleccionado con su colaboración más sincera y generosa. Generosa porque me llevé al Senado a su letrado mayor adjunto, Manuel Alba, que se hizo cargo de la Secretaria General del Senado, y hoy, con el presidente Bono, se responsabiliza de igual función en el Congreso de los Diputados.

Una de las herencias mejores que la presidencia de Félix Pons ha dejado en la organización del parlamento español ha sido, entre otras, la preciosa profesionalidad y neutralidad de sus funcionarios. Aunque existen explicaciones institucionales, el estilo de las personas que están al mando influye muchísimo, especialmente, como fue en tiempo de Pons, si se está en los momentos de creación y asentamiento de la institución. Los funcionarios de las Cortes Generales tienen una merecida fama de competencia y de probidad, y en esas características, los criterios de Pons establecieron unas pautas que se han mantenido desde entonces.

Félix Pons fue diputado socialista por Mallorca en el Congreso constituyente (1977-1978). Estuve con él en Nueva York, en noviembre de 1978, explicando el proyecto de Constitución a un numerosísimo grupo de españoles que vivían en Estados Unidos. Se trataba de convencerles de que la Constitución iba a servir para construir una sociedad democrática, y también (y eso era importante en Estados Unidos), dentro de unos valores homologables con la Constitución norteamericana. En aquella gran sala neoyorkina, alquilada por el Cónsul de la Ciudad, se sentaban, además, unos cuantos norteamericanos, representantes de medios de comunicación, centros de estudios, fundaciones culturales, etc. Convencer a esas personas era muy necesario. Y hay que tener en cuenta que el vecino Portugal no era, por entonces, un referente tranquilizador de lo que sucedía en la Península Ibérica.

La exposición de Félix Pons fue eficaz e impecable. Con su solvencia jurídica dio una explicación de las líneas maestras de nuestro texto constitucional, resaltando su homologación con los grandes modelos occidentales. No ahorró tampoco su compromiso con las ideas socialdemócratas, y por eso, su intervención fue muy creíble.

Félix Pons, en aquella intervención, recordándolo, fue un avanzado ideológico para su tiempo. Especialmente en España, pues las circunstancias históricas produjeron una explosión de doctrinas, y de actitudes políticas, con un grado de radicalidad equivalente a su parcialidad.

Fue un aristócrata de la política democrática. Durante los años que coincidimos presidiendo las Cámaras, España estuvo muy activa en distintos escenarios internacionales. Fue el tiempo de la Cumbre de Madrid entre israelíes y palestinos, del tratado de Maastricht, de la caída del sistema soviético en Europa, de la democratización de Iberoamérica, etc. Félix Pons fue un referente para la “diplomacia parlamentaria española”. No sólo era respetado por su carácter afable, sino por su profundo conocimiento de los problemas mundiales. Cuando presidió en Madrid una Conferencia parlamentaria sobre la Europa post-comunista, Félix Pons admiró a sus participantes, en la práctica la OTAN y el antiguo Pacto de Varsovia, por la claridad de sus ideas, y al mismo tiempo, por su capacidad para lograr acuerdos.

Se retiró de la primera fila de la política, aunque permaneció atento a los acontecimientos políticos. Su opinión siempre era una valiosa opinión. Cuando la controversia religiosa alcanzó, hace dos años, unos niveles demagógicos, Félix Pons pronunció en Palma una conferencia esclarecedora. Yo se la pedí, y fue publicada en la revista “Cuadernos de Alzate”, en 2008, con el título “Educación para la ciudadanía (o las debilidades de la democracia)”. Su equilibrio ideológico le permitía formular opiniones originales y avanzadas. Vivió con plenitud y coherencia sus ideas políticas, sus convicciones religiosas y su condición de ciudadano de España.



Para contactar con el autor: 1718lamartin@gmail.com




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