Olga González Alonso
OLGA GONZÁLEZ ALONSO es periodista.
Desde Galicia
Galicia en el Universo
En la misma semana en que Galicia ha podido escuchar al ilustre científco Stephen Hawking, de visita en Santiago, hablar de otros mundos a los que, como sigan así las cosas, los humanos tendremos que emigrar, los gallegos hemos seguido anclados en el mismo Universo de siempre, ese tan amplio que tiene como ambicioso horizonte las elecciones autonómicas de 2009 y como estrellas fugaces a Touriño y Quintana, entre los que, más que un abismo, se abre ya un agujero negro.
Mientras Hawking nos hablaba de futuros superhumanos fruto de la ingeniería genética, el hombre a secas que preside la Xunta seguía empeñado, en una entrevista radiofónica, en decir que no quería hablar más de la cita electoral al tiempo que no dejaba de hablar de ella. En insistir en su rechazo a mantener una larga precampaña con tanto ímpetu con el que aseguraba que iba a ser extensa. Y en echarle la culpa a otros, singularmente a sus socios de gobierno, los nacionalistas, de los que, pese a no querer hablar de elecciones ni parecer que está haciendo campaña, dijo que andan planteando reivindicaciones al Gobierno central sólo porque estamos inmersos en el clima electoral.
En una rueda de prensa y mediante un sofisticado sistema que transforma en palabras los movimientos de sus pestañas, el físico inglés nos aventuraba grandes desastres que se cebarán sobre la Tierra y sus habitantes. Sin ningún esfuerzo, con la simple ingeniería que su mente traía de serie y sin pestañear, Touriño nos introducía en el túnel del tiempo para volver a prometernos para dentro de cuatro años lo mismo que nos prometió hace tres que iba a hacer en esta legislatura, qué desastre. En 2012, vino a decir, a Galicia no la va a conocer ni la madre que la parió, que diría Guerra, y citó grandes proyectos como la ley de publicidad institucional o la reforma de la Compañía de Radiotelevisión que ya figuraban como urgentes en el acuerdo de gobierno firmado en 2005 con el BNG y que aún están en mantillas.
También el cánon hidroeléctrico, que será, tal vez, quizás, a lo mejor, una realidad el próximo año. Y que, en definitiva, supondrá que la Xunta recaudará unos milloncejos a cuenta del daño que el hombre -en este caso las centrales eléctricas- inflige a la naturaleza, del que también nos alertó Hawking en su visita, pero no para decirnos que había que cobrar por ello, sino que habría que ir pensando en evitarlo.
Escuchando a personalidades como Hawking, una se siente pequeñita. Y se da cuenta de lo pequeña que es Galicia en medio del Universo. Pero lo peor es comprobar, escuchando a otros que no son precisamente Hawking, lo minúsculo que se está quedando el propio universo gallego, cada vez más reducido por sus gobernantes a un continuo más de lo mismo, a un mucho viajar sin ir a ninguna parte y a un girar sobre el mismo eje como ese Planeta Tierra al que el cosmólogo británico le augura un mal futuro, en lugar de avanzar a la carrera como auguraron los del bipartito cuando lo formaron.
Al final, va a tener razón Hawking en lo de que habrá que pensar en largarse a otros planetas. Y, recuperando su triste tradición, serán los gallegos, a este paso, los primeros en emigrar buscando el cambio prometido. A no ser que el título de la conferencia que pone cierre a la visita del científico, “Saliendo de un agujero negro”, se considere premonitorio a muy corto plazo en este pequeño universo.




