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Lascivia electoral

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 20 de mayo de 2011, 21:59h
Doctor, me gustan las mujeres, ¿es grave? Se preguntaba Tito Fernández en 1973, el mismo año en el que Vicente Escrivá estrenaba Lo verde empieza en los Pirineos, una película protagonizada por José Luis López Vázquez, José Sacristán y Nadiuska, la Simonetta Vespucci botticelliana de ojos rasgados, labios afrutados y pechos palabra de honor, turgentes como los de Afrodita, diosa del amor y novia formal de Mazinger Zeta, que al año siguiente encabezó los títulos de crédito de Polvo eres y que ya entrada en su madurez de melocotón tardío se convertiría en la novia de Arnold Schwarzenegger en Conan El Bárbaro.

Eran otros tiempos, los de una España triste y reprimida (ahora agónica y deprimida), que tardó en sacudirse la caspa y los complejos de la dictadura hasta el ridículo extremo de clasificar a Los Ángeles de Charlie como una serie no apta para menores, o sea, de dos rombos, probablemente porque algún censor tuvo de súbito una erección de mil pares de cojones al demorarse en demasía (y tocarse más de la cuenta) en la contemplación del famoso póster de Farrah Fawcett embutida en un bañador rojo (precedente del que más tarde ha lucido Pamela Anderson en Los vigilantes de la playa), con aquel peinado de leona africana en celo que hizo furor en USA y que después importaron al celuloide del destape ibérico unas señoras macizas que alternaban el pelo cardado con la laca y los tirabuzones, y que tenían más curvas que la carretera del Jarama, tal cual Bárbara Rey, María José Cantudo o Ágata Lys. Claro que este cronista, que para ciertas cosas sigue siendo un granuja sentimental, siempre prefirió la sensualidad mucho menos explícita pero más sugerente de Silvia Pinal en Viridiana.

Eran otros tiempos, para mayores de 18 años y menores de 69, que sin distingos de generación ni de cuna perdieron por igual la cabeza por alguna de las antedichas o mismamente por la inclasificable Susana Estrada, Musa de la Transición, que el 14 de febrero del 78 le enseñó el pezón al auditorio estupefacto de la Villa y Corte, cuando al recibir de manos de Tierno Galván un galardón del Diario Pueblo, fue la muy zalamera y le puso en bandeja una teta, alegoría republicana, a don Enrique, que echando mano de su retranca, lejos de ponerse nervioso, exclamó ¡coño! Y con coña le aconsejó: Tápese, señorita, no vaya usted a enfriarse. El viejo profesor, que años más tarde se convertiría en alcalde de la Movida madrileña, acabaría confesando que le gustaban las señoras hermosas con las poitrinés respingonas, o sea, ligeramente caídas hacia arriba, de esas que desafían a Newton y a su Ley de Gravitación Universal.

Hoy -¡cómo hemos cambiado!- la política, en sentido genérico, no le pone a nadie, excepción hecha de Rubalcaba, que parece una extraterrestre el tío, llegado de otro planeta de más allá del Sistema Solar, al contrario que Carmina Chacón, que cada día está más soseras y terráquea. Y la erótica del poder que destila la suite del hotel Sofitel de Manhattan, Patrimonio de la Humanidad, cabe toda en la pensión-picadero de Las Francesas, donde las bellas durmientes ni son de Francia ni hablan francés, sino tú ya me entiendes.
Tom Wolfe: La hoguera de las vanidades. Gene Wilder: La mujer de rojo. Debe ser que es ver aparecer una madonna lujuriosa como la despampanante Kelly LeBrock, Charlotte, con la falda levantada emulando a Marilyn en La tentación vive arriba, y no hay pichabrava con el cerebro a la altura de la bragueta que se resista. ¡Qué frágil es la condición humana!

Al paso que vamos, Kennedy, Mitterrand, Chirac, Clinton o Berlusconi van a acabar siendo unos benditos, candidatos a los altares del martirologio, comparados con el tal Strauss, ex mandamás del FMI, que aunque se apellida como Johan Strauss hijo, no está siendo procesado por tocar en público La Marsellesa, sino por tocarle presuntamente la armónica y las maracas (concretamente la Obertura 1812, Op. 49 de Chaikovski, compuesta especialmente para flautín, flauta, clarinete, fagot, trompa, corneta y trombón) a una negra zumbona pero sin embargo supuestamente angelical que sólo pretendía limpiar el polvo, no que se lo echara un pecador de la pradera.

¡Pobre Ségolène y pobre Partido Socialista! Francia, como dice Rubén Amón, siempre ha sido una «falocracia» donde de un tiempo a esta parte sólo ha hecho carrera la izquierda pijoprogre, Gauche caviar, la misma que lee con veneración de casta Le Nouvel Observateur, que en la redacción de Radio France Internationale nos servía para calzar la mesa coja del estudio de grabación al menor descuido de don Ramón Chao, el papá de Manu Chao, icono de los anti sistema, que en esta cosa de la progresía siempre ha sido un adelantado a su tiempo, y a quien, puesto en mi papel ocasional de tonadillera, aprovecho para saludar, caso improbable de que me esté viendo, por los extraordinarios recuerdos que conservo de RFI y sobre todo del Moulin Rouge de Toulouse Lautrec.

Pero todo esto que cuento es más inocente que un episodio de dibujos animados, comparado con la indecencia que preside la vida política, donde hay más porno duro que en una peli guarra del Plus, aunque nos llegue la señal codificada por la propaganda de Estado.
Párrafo para mayores de 18 años. Absténganse de su lectura quienes suelen ver herida su sensibilidad por un simple quítame esas pajas: la metáfora lúbrica no puede ser más adecuada para describir el inenarrable placer que produce en los políticos que se creen con derecho de pernada –pues nos tratan como chachas- la rajita de la urna por la que se introduce la papeleta del voto, que viene a ser, salvadas las distancias, como el chocho de la Bernarda, premio sonrisa vertical, imaginario literario donde cabe hasta la compra del caprabo.

Comparado con el Sena, que etimológicamente –salvo que me corrija Luis María- bien pudiera venir también de «seno», España es, en este sentido, un país tediosamente inane desde el punto de vista político-periodístico, pues aquí nadie se trajina a nadie con luz y taquígrafos, entiéndaseme. Aunque después de la entrevista babosa que una farandulera televisiva de tercera le hizo hace unos días al presidente del Gobierno, a quien ni siquiera tuvo a bien preguntarle por los cinco millones de parados, ni por ETA, ni por nada de nada, David Torres haya escrito, inclemente: «Creíamos que la pornografía estaba prohibida en horario infantil pero al menos las felaciones se hacen con la ropa puesta».

Pero estoy viendo que se me han ido ya dos folios, que me estoy quedando sin papel, y yo de lo que quería escribir hoy es de la Puerta del Sol, que desde que envió al asilo al Tío Pepe anda tan desorientada como la zagalería aborregada que se ha dejado pastorear por los promotores de ese movimiento totalitario de salvación nacional tan “oportuno”, en cuyo manifiesto, rancio como la momia de Lenin, ni siquiera se menciona la palabra libertad. Agitprop de hoz y martillo y mucho borderline suelto que se lo tendría que hacer mirar. ¡A buenas horas democracias asamblearias y panfletarias que se pasan por el coño el Estado de Derecho!

Por supuesto que “Hay motivo” después de tantos “Lunes al sol” que justifican el encabronamiento generalizado contra el establishment político, sindical, judicial y periodístico. Pero una cosa es declararse en rebeldía contra el sistema a partir de un ejercicio serio de reflexión racional, y otra muy distinta volver a la agitación callejera incitada por “perroflautas” con la camiseta del Ché.
Bien es cierto que poco se puede esperar de esta civilización disparatada e inaprensible, en la que todos somos cómplices del engendro, después de saber por Forbes que la persona más influyente del mundo no es otra que Lady Gaga, reina del Twitter, body de látex, collar XXL y tacones en forma de pene. ¡Qué nivel, Maribel!

¿Regeneración política? Por supuesto. Pero una cosa es la movilización activa contra la crisis de un sistema esclerotizado, anquilosado y corrupto, y otra la valoración de la cosecha de los últimos siete años de calamitosa gestión socialista; una cosa es la hemiplejía del sistema y otra la calamidad del Gobierno de ZP, que casualmente siempre que lo tiene crudo reza a San Alfredo y se confiesa off the record a Iñaki para que suceda algo que tensione el ambiente en las horas previas al hostión electoral que se va a dar, a ver si se le aparece la virgen atea de Ferraz. O yo o el caos.

Precisamente porque vivimos en esta democracia orgánica, cojitranca, siniestra e imperfecta, pero democracia al fin y al cabo, José Luis no tiene nada que temer si como parece el PSOE pierde las elecciones autonómicas y municipales. Si todavía estuviera entre los vivos, no podría decir lo mismo Alfonso XIII, que hace ochenta años tuvo que salir por piernas y embarcarse en Cartagena como consecuencia del golpe de Estado organizado al albur de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

Qué daño está haciendo ¡Indignaos! el panfleto publicado por el nonagenario francés Stéphane Hessel, que ya en 1948 participó en la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos, y prologado por José Luis Sampedro. El día menos pensado causan alta en las Juventudes Socialistas o en Nuevas Generaciones como afiliados eméritos y joden la media de edad, pues entre ambos suman 188 primaveras.

Esta cosa del “alter mundialismo” tan vistosa y que tanto juego da a corresponsales indocumentados y a editorialistas activistas de criterio previsible como los de Le Monde Diplomatique, seguro que tiene su lado bueno, pues me incluyo entre los ilusos convencidos de que un mundo mejor es posible. Pero contra el encanallamiento de una política marrana clasificada equis, no me importa nada si soy la única persona insignificante en el mundo partidaria de la Revolución individual. España, kilómetro cero. Ahí va el sentido de mi voto.

José Antonio Ruiz

Periodista

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