Enrique Aguilar
ENRIQUE AGUILAR es politólogo argentino
REFLEXIONES
Liberalismo vernáculo
Es una lástima que la palabra liberalismo esté tan degradada en Latinoamérica. En parte, la culpa es de aquellos liberales que contribuyeron a su degradación al apoyar algunas experiencias que poco o nada tuvieron que ver con ella.
Se alegará el desconocimiento de las fuentes. Es cierto, a una mentalidad oportunista le bastan unas pocas citas, sacadas de contexto como es obvio, de modo que difícilmente se las verá con Adam Smith y su Teoría de los sentimientos morales.
En cualquier caso, lo más grave es haber permitido que se asociara al liberalismo con regímenes de facto o aun con gobiernos constitucionales que, a decir verdad, lo fueron sólo nominalmente. Hasta hubo quienes pensaron —de buena o de mala fe- que presupuestos tales como la división de poderes y la seguridad jurídica nos serían dados por añadidura, de resultas de la apertura económica y las privatizaciones (si así puede llamarse al paso de monopolios públicos a monopolios privados). Invirtieron el orden de prelación o, para decirlo sin ambages, subordinaron las instituciones a sus intereses.
El liberalismo no es una tradición monolítica. Más empirista o más racionalista, conservadora o progresista, contractualista o evolucionista, proclive o no al reconocimiento de libertades positivas, etcétera. Pero hay un común denominador que impide que estas expresiones se multipliquen indefinidamente, a saber: el reconocimiento de que el poder tiene sus límites que están trazados por los derechos individuales.
Hoy la bandera de los derechos y las garantías es enarbolada por otros, pero de manera facciosa. Montesquieu duerme el sueño de los justos y, mientras tanto, nuestros liberales de pacotilla (pues a ellos tan sólo me refiero), desplazados de la escena, beben solitariamente del cáliz de su propia indiferencia.




