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Necesidad de una hoja de ruta conocida y compartida

David Ortega Gutiérrez
martes 04 de septiembre de 2012, 20:26h
Saber a qué atenerse en la vida es importante. Las personas necesitan de un mínimo de previsibilidad para su organización vital, saber hacia dónde van, por qué están luchando, qué les espera. La incertidumbre no suele ser buena compañera nunca, y menos en tiempo de crisis. Por ello España precisa sin dilación, una clara, consensuada y explicada hoja de ruta, pues es enormemente desalentador no saber si se está o no andando por el camino correcto. Las penas y esfuerzos se soportan mucho mejor si uno sabe que se ha tocado fondo y que se está en la vía de la recuperación. Un poco de luz al final del túnel es necesario.

En este sentido corresponde lógicamente al Gobierno de la Nación ejercer ese papel de liderazgo, que debe ser nítido, seguro y firme. Se debe hacer un gran esfuerzo por transmitir seguridad y confianza, saber a dónde se quiere ir, cómo y cuándo. Es muy contraproducente caer en un ambiente social de negatividad y desánimo, esta es la peor actitud para poder efectivamente superar la crisis. Es cierto que la realidad laboral es muy dura con más de cinco millones de parados y que en miles de hogares se viven situaciones dramáticas, pero para poder superar esa realidad, el desánimo, la desilusión y el lamento no aportan absolutamente nada.

Tengo claro que en situaciones importantes, y ésta lo es, hay que saber jerarquizar. Creo que en España se deben producir algunos cambios relevantes que, entre todos, debemos afrontar y poner los medios conjuntamente entre gobernantes, especialmente, y gobernados, que también tiene su parte de responsabilidad, cuanto menos en la elección democrática. Citaremos algunos ejemplos poco discutibles. Un país serio no puede tener más de un 20 % de economía sumergida como España. Esto es inaceptable y ahí fallamos todos, para nuestra vergüenza, tanto gobernantes como gobernados, es un problema de concepción del Estado o, mejor, de falta de ella. En segundo lugar la propia Organización Territorial del Estado. No podemos tener más de 8.000 ayuntamientos, es enormemente caro e ineficiente, y sobre todo, nuestra España autonómica se tiene que reestructurar pues ha demostrado ser también insostenible y en algunas competencias, como Sanidad y Educación, poco eficaz. En tercer lugar, una Nación no tiene mucho futuro con un fracaso escolar en algunas regiones superior al 25 %, tanto baile normativo en esta materia ha sido fatal, necesitamos mayor rigor y seriedad en esta materia esencial. En cuarto lugar, nuestro sector bancario y financiero ha cometido excesos imperdonables, especialmente las Cajas de Ahorros, ahí hay que ser radical, no se puede jugar con el dinero de la gente, hace falta mayor responsabilidad pública y controles eficaces. En quinto lugar, hay que apoyar a los emprendedores de este país, son quienes generan empleo, si no se les apoya, lógicamente buscarán otros mercados, de hecho muchos ya lo están haciendo.

Y termino con lo que estimo el cambio más decisivo, que debe ser a nivel de Nación. Los españoles tenemos que aprender que la democracia se construye día a día, que exige rigor y seriedad en el comportamiento público y privado. Es cierto que hay que reformar aspectos importantes de nuestra Constitución de 1978 para que se adapte a los nuevos tiempos y realidades, pero también lo es más que precisamos de unos partidos políticos que estén a la altura de las circunstancias para poder desarrollar ese o cualquier Texto constitucional. España necesita de la política y de los políticos, pero éstos deben demostrar -y los ciudadanos exigir- su formación y valía para que España no pierda nuevamente el tren de la historia.

Es verdad que probablemente los españoles y posiblemente los europeos nos tengamos que acostumbrar a ser felices con menos, o mucho me equivoco o es lo que toca. Creo que hemos vivido unas dos últimas décadas muy desproporcionadas, poco sensatas, que probablemente no es bueno que vuelvan. Cualquier progreso, también el económico, tiene que ser sólido y sostenible para ser real. Hay que construir sobre piedra, no sobre paja, pues cuando vienen las rachas fuertes de viento, que siempre llegan, la paja se cae. Los españoles espero que hayamos aprendido la lección de lo que debe y no debe hacerse, tanto en el ámbito público como en el privado. No se puede vivir por encima de las posibilidades reales de uno. Cualquier éxito o triunfo en la vida tiene que ser el resultado de un largo y sacrificado esfuerzo. Esto es lo que tenemos que enseñar a las nuevas generaciones. La sociedad española precisa de cambios importantes si no queremos nuevamente descolgarnos del tren de la modernidad y el progreso. La vida es adaptarse a los nuevos tiempos, y por el momento nosotros parecemos muy desorientados y desilusionados. Una clara, conocida y compartida hoja de ruta de los retos principales sería enormemente útil y beneficiosa para saber a qué atenerse, por qué luchamos y hacia dónde vamos. Los ciudadanos tienen el democrático derecho a conocerlo y los responsables políticos la obligación de marcar el camino.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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