Martín-Miguel Rubio Esteban
MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN es doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.
MIRADA ESCOLÁSTICA
Nugellae
Las nuevas hornadas de curas que saca la Iglesia (demasiados pocos, desgraciadamente) están bastante bien preparados en los ámbitos teológico, catequético y litúrgico — aunque se echa de menos una formación seria en lenguas clásicas -, pero apenas tienen compromiso con la cuestión social, elemento este básico para cualquier cristiano en el mundo. Sin duda la Iglesia, ante la mala experiencia de los años 70 de curas tan comprometidos socialmente que cayeron en claros desviacionismos anticatólicos, intenta ahora erróneamente reprimir estos ímpetus de fraternidad tan consustanciales con el mensaje cristiano. Tampoco este conato educativo es bueno. Ni aquello ni esto. La Iglesia deber tener curas muy comprometidos socialmente con una gran cultura religiosa y sentidas prácticas de piedad. Una cosa no quita la otra.
Hace cuarenta años el ex Ministro de Asuntos Exteriores de la IIª República en guerra, Julio Álvarez del Vayo, defendía con brutalidad y odio en una reunión abierta del FRAP en un salón del Ayuntamiento de Gelsenkirchen los actos terroristas y masivamente sangrientos contra el Estado Español, dando a entender a su pesar, por aquella violencia y odio infinito, que al fin y al cabo la Historia de España, los Manes de España entregaron el poder al bando menos malo y menos atroz. El PSOE de entonces expulsó a Vayo por su retórica criminalidad brutal; el de hoy, el de Zapatero, lo ha readmitido póstumamente con honores. Todo encaja. No sólo la genialidad y el espíritu abierto tienen su lógica; también la tienen la estupidez y el fanatismo. Lógica doblemente triste cuando hoy sólo el PSOE representa la fuerza social capaz de vertebrar España desde un sesgo auténticamente liberal.
Tarde tranquila, apacible, dulce y placentera en la enorme plaza de Linz, surcada por un silencioso tranvía. Tomamos un café con leche ante un precioso y altivo monumento a la Santísima Trinidad, entre buenos amigos austriacos y fineses. Antes, hemos visitado el museo de tecnología más importante del mundo, sito en esta ciudad de orden y modales correctos, museo interesantísimo, imprescindible, en donde habitan los sueños más humanistas y nobles de ingenieros y biólogos. No se puede olvidar, no nos pasa inadvertido que Linz es la ciudad de Stifter, de Anton Bruckner, cuya catedral aún lo recuerda en piedra con pasión y en Sankt Florian se encuentra su grande y famoso órgano, de Marianne Jung, el último amor del viejo Goethe y poetisa genial, o de Montecuccoli ( “para defender sólo lo que amamos hay que amar la paz y saber hacer la guerra” ). Cenamos junto al Danubio y ya en el segundo plato, el plato decisivo, los camareros comienzan a repartir mantas para los frágiles y lindos bajos de las señoras. Anochece, y del Danubio se despide un frescor que a los hombres nos agrada. La espuma de la corriente resuelta centellea bajo el sol poniente y una gloria se enciende en el centro del río, que avanza decidido en su respiración lenta y tranquila. Miles de luces aparecen en las nobles fachadas de los edificios que dan al río. Las luces del Museo de alta tecnología cambian rítmicamente de color sin llegar nunca a dar la sensación de una horterada hipertecnológica que insulta la ciudad. Tienen los austriacos ironía y sutileza, saben ver las cosas sabiamente, con prudencia, desde cierta perspectiva ecléctica, y su risa, a diferencia de la risa bávara, es civilizada, ilustrada, recogida, controlada, coqueta, culturizada, casi latina, y un tanto vacilante. Representa una sabiduría ( una humanidad ) llena de dignidad y de ironía. Gabi y Michi se ríen así. Unos pocos metros más abajo, en el río, en la última niebla, los patos fluctúan torpemente heráldicos y familiares. En Perg pregunto dónde está el lager Mauthausen, y se me responde con educada hostilidad. Los austriacos deben ya estar hartos de hacer el itinerario a los turistas que les conduzca al mundo del exterminio y de la abyección absoluta. Perg tiene más cosas. Por ejemplo, sus mujeres hermosas. Por ejemplo, sus magníficos campos de golf.
Volvemos a España. Aquella mujer de mediana edad avanzaba enérgica en marcha atlética por el paseo marítimo, hormiguero de veraneantes polimorfos, con un precioso culo redondo policleteo que se insinuaba tentador bajo su falda corta deportiva azul celeste. Y recordó uno un cuadro visto en el Ayuntamiento de Regensburg en el que aparecía Bárbara Blomberg, la madre de Juan de Austria, en el que insinuaba un culo así de rotundo y seductor. Mirando ese culo andar y moverse, ¿cómo no acordarse con emoción de los átomos redondos y esféricos que, según Demócrito, componen el alma?
Dña. Leticia, Princesa de Asturias, se sitúa tan rezagada en el recibimiento de Mrs. Obama y su hija Sasha que su suegro el Rey se enfada muy visiblemente y le insta a acercarse a él y a la Reina para recibir los tres juntos a la exuberante primera dama americana, dotada de hermoso átomos democriteos. ¿Qué le pasaba a Dña. Leticia? ¿Miedo a adumbrar con su egregia y deslumbrante belleza del excelso empíreo al mismísimo trono? “Pero, mujer, ven aquí, no me fastidies”- diría el Rey. Cuando la humildad se hace espectacularidad — Dña. Leticia detrás de una columna en la penúltima escalera del crepidomo del palacio — constituye entonces un gesto de soberbia tan enorme y pantagruélica que a los sufridos ciudadanos del Reino nos debería preocupar. Dña. Leticia no está aquí humilde ante el Rey, sino soberbia e insolente hasta el infinito. ¿Quizás Dña. Leticia sea realmente una emperatriz y que de este hecho transcendental sea ignorante su suegro? No lo sabemos, pero esos humos de falsa humildad no traerán nada bueno. Además, no está dotada de esos átomos democriteos que forman el alma, redondos y esféricos.
Para todo demócrata de corazón representa un acontecimiento feliz y motivador las primarias que el PSOE celebrará en Madrid a fin de elegir su candidato con vistas a las ya inminentes elecciones autonómicas. Lo que debería constituir una rutina esencial en una Democracia de Partidos es en España una liturgia excepcional. Preguntar a los militantes de un gran Partido qué compañero consideran más apto para ser el candidato a unas elecciones se convierte para algunos en una cesión excesiva a la “democracia de los de abajo”. Y es que al pueblo no se le debe preguntar. Para eso están los excelsos genios polimáticos y polihistores que configuran el rectorado de nuestros Partidos Políticos. Lo mejor es seguir echando incienso a los inmortales lémures del franquismo y convertir las elecciones en actos plebiscitarios. De todos modos, las cosas son como son. Reconozcamos que el PSOE, a pesar de todos los pesares, muestra de forma palmaria tener una mayor conciencia democrática, una mayor delicadeza hacia sus militantes de base, con estas primarias madrileñas en que 18.000 militantes concurrirán, que la organización de candidaturas del PP, que hasta hora es un dedo índice ortopédico de los muy minoritarios centros de decisión. En Democracia interna, siendo aún muy deficiente, con todo, llevan varios cuerpos por delante los socialistas con respecto a los populares, encastillados sus dirigentes en una torre inexpugnable. Las cosas son como son. Y es que la militancia de base no es un grupo de “semihombres”, masa estúpida y fea, de la que los dirigentes inspirados creen no formar parte.




