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Zapatero, con la mosca detrás de la oreja

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 17 de marzo de 2011, 21:25h
Un buen amigo me explicaba que a uno le están “aserruchando el piso” cuando alguien quiere ocupar su lugar. Me llamó la atención esta expresión peruana porque es tan gráfica como la que usamos en España, “mover la silla”. Algo así debe estar sintiendo el presidente del Gobierno, que ve como un día sí y otro también se habla de los posibles candidatos a sucederle.

Imagino que no debe ser nada agradable desayunarse todos los días con las quinielas, porras, carreras de caballos o apuestas de quiénes optarán a unas primarias por “la silla” del jefe o, incluso, con las artimañas que algunos de éstos ya pergeñan para ir adelantándose a sus rivales, pero es lo que hay. La situación no es buena. España no va bien y que el 86 por ciento de los españoles califique de "nada eficaz" la gestión del Gobierno ante la crisis económica o que –todo según el último Eurobarómetro– un 97 por ciento vea "mala" la situación económica en nuestro país son motivos más que lógicos como para no llevarse a engaño.

El lenguaje es caprichoso y, por todo esto, no extraña que Zapatero tenga la mosca detrás de la oreja cuando oye que se está “tanteando” a los compañeros de partido o que se están “recabando apoyos” o que se está “sondeando” el terreno para ver por dónde respiran los pesos pesados del PSOE o que determinados valores se “posicionan” ante lo que pueda suceder.

Y digo yo: ¿Qué espera Zapatero, que la gente válida de su partido se quede de brazos cruzados viendo cómo se descompone un país por culpa de su acción de Gobierno? ¿A qué espera para decir cuáles son sus intenciones? ¿Se da cuenta de que esta situación la ha generado él solo? ¿Ha calculado el desconcierto que provoca en su propio partido?

Desde el PSOE no paran de decir que la posible sucesión de Zapatero no es un tema que "ocupe" al Gobierno. De lo que no se dan cuenta, o no se quieren enterar, es de que a los españoles si nos “ocupa” quién pueda ser el candidato a sustituir a un presidente que no lo está haciendo bien. Piensan que con decir que no es cuestión que preocupe al partido que sustenta al Ejecutivo se tranquiliza a las bases y al resto de ciudadanos cuando lo cierto es que produce el efecto contrario, inquieta más que la guerra de Libia.

Quizá moleste en el entorno del partido socialista todo este debate, pero si dura se debe principalmente a que Zapatero no termina de decir lo que va a hacer con su futuro, a que no para de dar poder a Rubalcaba, y porque Chacón, vaya ella preguntando personalmente o no, tampoco se ha descartado de la línea sucesoria.

La sucesión de Zapatero es un culebrón venezolano al que, guste o no, cada día que pasa le quedan menos capítulos.

Javier Cámara

Periodista

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