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NOVELA

Elias Khoury: El espejo roto

domingo 10 de mayo de 2015, 13:31h
Elias Khoury : El espejo roto

Traducción de Jaime Ferrer Carmona. Alfaguara. Barcelona, 2015. 480 páginas. 19,50 €. Libro electrónico: 9,99 €

Por José Pazó Espinosa

Elias Khoury es un escritor y crítico libanés, uno de los autores contemporáneos más leídos del mundo árabe. En España se han publicado dos novelas suyas, La cueva del sol (2009) y, recientemente la que nos ocupa, El espejo roto, en la editorial Alfaguara. Por la primera, recibió el Premio Palestina de novela, y adquirió fama internacional de “raconteur” del conflicto palestino y del alma libanesa. No en vano, con veinte años, Khoury ingresó él mismo en Al-Fatah, y compartió lucha ideológica y vital con el fallecido intelectual palestino Edward Said en la Revista de Estudios Palestinos en París, y después en Nueva York, donde enseñó en la New York University, y en la universidad de Columbia. Es, por tanto, uno de los pesos pesados de la intelectualidad árabe, ahora que en el mundo la intelectualidad va deshaciéndose como una magdalena proustiana.

El espejo roto es una novela de guerra, de sexo, de familia, y de imágenes del yo. Karim, un médico libanés, deja su país para casarse y trabajar en Francia. Su mujer es una rubia insípida, blanca como la mantequilla, y buena para cocinar platos que saben a lo mismo. En Beirut, Karim deja un padre loco como un derviche de las mil y una noches, un hermano gemelo que se acabará casando con Hind, la novia libanesa con la que Karim no se quiso comprometer, y una serie de madre y madrastras sensuales, sexuales, sabias y trastornadas.

Karim, que luchó en la guerra de liberación de Palestina -esa guerra que hunde sus casi incomprensibles raíces en el delirio bíblico-, regresa al Líbano atraído por su hermano, comerciante del Levante, hombre fuerte, decidido, pragmático, que quiere montar un hospital. Karim vuelve a enfrentarse a su hermano gemelo, su otro yo, Nasim, y retorna cargado de recuerdos agridulces, como el olor de las manzanas que no ha dejado de añorar en su insípida existencia francesa. En Beirut, se encuentra la guerra eviterna, los recuerdos de su niñez, la piel tostada y oscura de Hind, su antiguo amor, ahora esposa del hermano, quien la desdeña de día y la posee de noche con una rabia que parece extraída de las historias fratricidas del libro sagrado… Así contado, se diría que estoy hablando de la benetiana novela Saúl ante Samuel, siempre que cambiáramos el Líbano por León o Soria. Pero nada más lejos en la sensibilidad artística. Saúl ante Samuel está diseñada por un equipo de ingenieros que Audi expulsó en su último ERE. El espejo roto, en cambio, tiene la estructura de una granada. Granada del mundo vegetal, claro está.

Si las novelas tienen estructura de algo, y si pueden tener estructura de frutas, esta la tiene de granada. La novela de Khoury está formada por infinidad de granos relucientes, sabrosos y fragantes, pero cada uno con una pepita dura. Es atractiva y nos incita a llevarla a la boca, pero una vez en la boca es incómoda, cada grano al explotar nos deja una masa de pepitas aplastadas de difícil digestión. Intentaré explicar mejor esta metáfora gustativa. En El espejo roto, Khoury usa incesantemente la técnica del flash-back. Cada relato, cada descripción, tiene una pequeña introducción e inmediatamente después una invocación a un pasado remoto, mítico, fragmentado. La novela está formada por estos miles de granos del pasado de forma esférica, orgánica, como una granada del Levante mediterráneo. Y esos miles de granos nos dan una idea clara de lo que es ser libanés hoy, árabe en este mundo del siglo XXI: una mezcla de orgullo y complejo de inferioridad, de sensualidad y de represión, de liberalismo y de fanatismo, de añoranza y de continua construcción sobre la destrucción de la guerra. La lógica y el sinsentido como fuerzas que siempre harán que el espejo en el que un ser humano se mira esté roto.

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