Iglesias está expuesto a que una fuerza de confluencia surja de cara a noviembre. El tictac que popularizó correría en su contra y exigiría una decisión rápida. Entonces, su problema no serían PP y PSOE, como de hecho no lo son desde hace algunos meses, a tenor de las encuestas. El día a día político se ha montado a su alrededor y tal honor ha desbordado a un dirigente necesitado de reaccionar para que su trayectoria no se apague tan rápido como comenzó.
El pasado viernes, 9 de julio, EL IMPARCIAL informaba de esta amenaza sobre Pablo Iglesias si el secretario general de Podemos se empeñaba en imponer un sistema de primarias contrario a la apertura que propugnó el movimiento 15-M, en rehuir la confluencia o toda fórmula que le reste protagonismo y, en último término, en faltar el respeto a otras opciones de izquierdas, caso de IU, insultando a dirigentes y militantes y pidiéndoles que le dejen "en paz".
Sólo seis días después del citado artículo, este jueves, se sabía de la constitución de Ahora en Común, una "iniciativa ciudadana" inspirada en los acuerdos que han llegado al poder en Madrid, Barcelona o Zaragoza. Entre los firmantes del manifiesto fundacional, integrantes de IU, Podemos y Equo. A Alberto Garzón le parece "el mejor escenario para una lista de unidad popular". Es, de hecho, la materialización de la idea que maneja desde hace tiempo para las generales.
A finales de junio, Garzón le propuso a Iglesias la integración en una candidatura de estas características. Iglesias, que recibió a Garzón desde una postura de superioridad, se negó con rotundidad, estampa que recuerda a los encuentros entre Rosa Díez y Albert Rivera, tras los que el pez pequeño acabó comiéndose a un grande falto de humildad y perspectiva.
El proyecto de Iglesias se desmorona precisamente desde que es visto como proyecto de Iglesias y no colectivo, desde que las acciones matan la credibilidad del discurso y traicionan las raíces, un 15-M que rechazaba liderazgos absolutos. La persona que ha llevado a Podemos a lo más alto en intención de voto e influencia, que ha roto los esquemas políticos tradicionales en España, puede matar toda aspiración sin haber llegado todavía a una gran cita electoral.
Es de suponer que Iglesias, hábil y con reflejos, reaccionará ante el derrumbe y las deserciones. Antes, habrá de ser consciente de que no hay solución que no pase por someterse a la voluntad de sus compañeros, sabiendo que puede costarle el primer plano. Cabe preguntarse si estará dispuesto.