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NOVELA

David Ebershof: La chica danesa

domingo 14 de febrero de 2016, 18:38h
David Ebershof: La chica danesa

Traducción de Jesús Pardo. Anagrama. Barcelona, 2015. 350 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. Se recupera la novela en donde se basa el filme "La chica danesa": perturbadora indagación sobre la identidad sexual y el laberinto del amor.

Por Paulo García Conde

Pocas veces tras un título tan manso se esconde una historia que, también amable en su voz narrativa, encierra una carga similar de pena y adversidades. Una historia ficticia basada en unos hechos muy reales, tan reales que comparten demasiadas características con la realidad de nuestros días. La chica danesa es la historia de Lili Elbe, el primer transexual que se sometió a una operación de cambio de sexo. Pero es también la historia de Einar Wagener, el hombre que poco a poco se fue consumiendo ante la presencia de su otro yo; es, a su vez, la historia de Greta Waud, de su hermano Carlisle, del barón Hans. Es muchas historias en una, que giran en torno a un único centro gravitacional. Lili.

Nació y fue bautizado como Einar, pero siempre hubo algo que le hizo sentirse distinto. No un distinto a modo de personalidad o carácter exóticos, sino referido más bien a una sensibilidad que no correspondía a un crío, a un adolescente y, finalmente, a un adulto como él. El autor de la novela, David Ebershoff, se vale de saltos temporales para explicar y desarrollar la historia del personaje central, que comienza siendo Einar y termina convertido en Lili. Pero, a pesar de que se nos advierte de que esta última siempre ha estado presente en la vida de Einar, todo lo sentimos como si estuviésemos ante una metamorfosis, una compleja transformación. Lo es, a fin de cuentas, ya que quedan retratadas las dificultades por las que puede pasar una persona que, en realidad, es dos. Dos personalidades encerradas en un solo cuerpo. Y no solo eso, sino que la que tiene vetada su salida a la luz es aquella que puja con mayor intensidad por la vida.

De que Lili entierre a Einar tiene gran culpa la esposa de este, su exalumna Greta Waud. La joven pareja de pintores se quiere, se respeta, y lo hace de una manera en que las peculiaridades del uno son siempre respetadas por el otro (aunque no necesariamente compartidas). Por eso, aunque el peso de la novela descansa de manera continua sobre la por aquel entonces (y por este ahora) problemática de la identidad sexual, la historia se centra también en otros temas y situaciones que merecen una honda reflexión. Es el caso del matrimonio. «Ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio», es una de las frases que comprime de manera brillante muchos de los matices que componen una relación así.

Y es que, al nivel de los conflictos internos de Einar (o, más bien, de Lili, que es quien tiene en realidad más carisma y posteriormente presencia) están los de Greta. La mujer que ve cómo la persona de la que está enamorada es en realidad otra, a quien también quiere y respeta. La que, cegada por la entrega y el amor, no se conforma solo con soportar un doloroso y dilatado camino hacia un final que en realidad no desea. Es ella quien ayuda a Lili a construir ese sendero, quien no arroja la toalla. Es Greta quien toma la iniciativa de recurrir a profesionales médicos para que den el impulso final que Lili necesita para asomar la cabeza y todo el cuerpo al mundo. Unos profesionales que quedan retratados, en una época donde la posibilidad de jugar a ser dioses era tan peligrosa como, al parecer, tentadora.

Se trata de un lacerante viaje realizado por dos personas que persiguen objetivos distintos, y cuyo amor los hace avanzar hacia un final compartido (dividido, sin embargo, por sus consecuencias). No estarán solos en la travesía (a pesar de lo terriblemente solos que se puedan sentir), sino que encontrarán apoyo en Carlisle, hermano de Greta, cuya amabilidad parece ser su única razón de ser en la vida, y también en Hans, amigo de la infancia de Einar que, contra todo pronóstico principal, será quien dé sustento de diferentes maneras a Greta.

La chica danesa es Lili Elbe. Es dolor, es esperanza. Es la historia de la primera persona cuya determinación hizo posible convertir en real una decisión: la de vivir siendo quien se quiere y necesita ser, cuando todo parece prohibirlo. Conviene no olvidar que, casi un siglo después, prohibir es un verbo que en determinados países sigue ostentando el poder en situaciones semejantes.

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