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Donald Trump gana a todos

miércoles 09 de noviembre de 2016, 11:18h
Actualizado el: 11/09/2016 11:28h

La victoria de Donald Trump ha sido tan incontestable como amplia. No solo ha derrotado a su contrincante demócrata, sino también a gran parte de “su” partido, el republicano -donde siempre se le ha tenido como una suerte de outsider-, al establishment, a los grandes medios de comunicación norteamericanos, y a los más poderosos grupos de interés que se decantaron por Hillary Clinton.

Ambos, Trump y Clinton, son quizá los candidatos que mayor antipatía -merecida, por otra parte- han suscitado. De hecho, puede decirse que ha habido bastante voto de castigo en uno y otro sentido. Pero si hay algo que está claro es la capacidad de Donald Trump para hacer calar su mensaje –simple, arrolladoramente transmitido de forma sintética y elemental- en la clase trabajadora y blanca de Estados Unidos, que es quien le ha votado en masa. También, curiosamente, lo han hecho muchos hispanos “legales”: extranjeros que llegaron al país de forma legal y que, cumpliendo con los largos y complejos trámites burocráticos, obtuvieron la ciudadanía.

Hillary, a su vez, se ha mostrado incapaz de disipar la desconfianza (supuestamente, por corrupta, mendaz y, además de “casta”, de la “dinastía” Clinton) que generaba en buena parte del electorado. El caso del servidor privado de correos electrónicos le ha hecho más daño del que preveía. Y tampoco ha sabido hacerse con el voto femenino y afroamericano. Dicho lo cual, lo que ahora toca es respetar la decisión de forma soberana han adoptado en las urnas los norteamericanos, y esperar que la realidad del día a día –y el sabio sistema político americano de frenos y contrapesos- vaya atemperando los impulsos de un Trump que a día de hoy despierta mucho más recelo que entusiasmo.
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