El año 2017 está determinado por las decisiones tomadas en 2016 en ambos lados del Atlántico. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea por un lado, y la elección de Donald Trump para la presidencia de los EEUU por otro lado, ya están marcando la política mundial. Numerosos analistas siguen preguntándose qué pasará durante las negociaciones sobre el Brexit y qué sucederá cuando Trump sea presidente de jure; pero creo que al dedicarle tanta atención a especular sobre el futuro se les escapa la cuestión fundamental: quién es el votante que ha optado por estas, aparentemente inauditas, opciones. Son estos votantes los que condicionan el futuro de sus países. Son muchos los medios de comunicación que ya han sentenciado qué tipo de votante es el que ha ganado, pero a poco que uno profundice en la realidad las tipologías saltan fragmentadas por los aires.
El referéndum en Gran Bretaña dejó una profunda huella en la sociedad de las islas. Los periódicos británicos al analizar los datos del votante que apostó por la separación no señalan lo obvio: la división entre Escocia e Irlanda del Norte, por un lado, e Inglaterra, por otro, es más fuerte que nunca. Sólo asumiendo esta separación, podemos proceder a ver más detalles sobre los votantes como su edad o educación. En rasgos generales, los que apoyaron la salida tienen entre 50-65 años, además, los que carecen de grados universitarios y los de la clase media baja, como los trabajadores semi o no cualificados, es decir, se trata del mismo tipo de votante que ya había mostrado sus preferencias cuando votó por el Ukip dándoles un resultado suficiente para presionar dentro del Parlamento por el referéndum. (The Telegraph, “EU referendum”, by A. Kirk, D. Dunford).
Sin embargo, si dejamos aparte la estadística, que siempre es aproximada, y leemos las opiniones de los británicos, veremos que muchos jóvenes están en desacuerdo con las políticas de austeridad y de migración impuestas por Merkel. He aquí la clave: Merkel ha logrado sustituir a toda la Unión Europea hasta en el lenguaje cotidiano. No hay decisiones “europeas”, hay decisiones tomadas por Merkel y los burócratas europeos. La realidad puede ser más compleja sin duda, pero el ciudadano medio no lo percibe así.
Y ahora veamos el ejemplo de EEUU, ¿quién ha votado por Trump en los EEUU? Los periodistas, que conocen la vida de los Estados Unidos más allá de las grandes urbes, dirigen su atención a un fenómeno que nada tiene que ver con los cacareados racismo, sexismo e islamofobia. En efecto, estos son problemas que afectan a la población rural que carece de una “adecuada educación”. Sin embargo, lo que hay es un movimiento entre la gente joven, dedicada por completo al trabajo, que cree en el valor de la familia, que apoya el ejército y la policía; lo más lamentable es que entre esta población los liberales tienen reputación de mal-informados y débiles. Los republicanos de las regiones rurales mantienen que mientras los demócratas creen en la innata bondad del hombre, los republicanos creen que es la educación, a veces dura, lo que hace un hombre bueno. Los numerosos tiroteos producidos en lugares públicos fueron evaluados como el problema de la sociedad, de la familia, de la ley deficiente, nunca por culpa del criminal que los ha perpetrado. La responsabilidad individual es diluida en el discurso político, mientras que en zonas rurales es precisamente la responsabilidad de cada uno lo que ayuda a vivir día a día entre las obsoletas infraestructuras, carreteras en ruina y los servicios de bomberos y urgencias asumidos por los voluntarios. (The NYT, “Why rural America voted for Trump”, R. Leonard) Las áreas demócratas son los que más financiación reciben, mientras que la población rural queda con la sensación de pagar impuestos sólo para mejorar la vida de las ciudades. Quizá por ello, la victoria no es tanto de Trump, ni la derrota es de Clinton, sino de dos visiones distintas de los EEUU.
Situación social, nivel educativo, edad, concepción del mundo, psicología y otros mil motivos que rodean a un votante convierten la realidad política en asunto complejo que, a veces, ni siquiera pasadas las elecciones es fácil evaluar. De momento, algo sabemos de lo que ha pasado en Gran Bretaña y EEUU, pero ¿estamos preparados para soportar las sorpresas que nos preparan los electores franceses y alemanes del año 2017?