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LOS IMPUESTOS SON YA UN POTRO DESBOCADO

Según la Asociación Española de Asesores Fiscales, los impuestos del Estado y las Comunidades...
Según la Asociación Española de Asesores Fiscales, los impuestos del Estado y las Comunidades Autónomas han crecido de 68 a 97 figuras distintas. Si sumamos a esta interminable caravana el incremento en los Ayuntamientos y las Diputaciones Provinciales, nos enfrentaremos a una maraña casi imposible de desmadejar.

Cataluña es la Comunidad que oprime más a los ciudadanos con 13 impuestos específicos sobre los generales del Estado. Le sigue Andalucía, Asturias, Aragón y Murcia. En un excelente informe, Daniel Viaña enumera todos los impuestos del Estado y las Comunidades Autónomas. Abruma la cantidad y eso que el autor del informe no se ha metido en la relación de los impuestos municipales y provinciales porque, sobre todo los Ayuntamientos, incluso los pequeños, han financiado el despilfarro de sus gastos a través de los más varios y a veces insólitos impuestos.

La crecida de los gravámenes del Estado y las Comunidades Autónomas en los últimos tres años acongoja. Padecíamos 68 impuestos en 2013. En 2016 se ha incrementado su número en casi el 50%. Ahora sufrimos 97 y parece claro que superaremos los 100 en el año 2017.

En lugar de reducir el gasto, se trata de solucionar los déficits a través de más impuestos y más deuda pública. Eso ni siquiera es pan para hoy y significa, en todo caso, hambre para mañana. La deuda, por ejemplo, que excede ya el PIB hay que devolverla y las próximas generaciones se verán empobrecidas por los compromisos adquiridos. La aceleración de esa deuda alarma nacional e internacionalmente. La política económica de Mariano Rajoy, que ha sido acertada en sus líneas generales, así como la reforma laboral, se ven comprometidas por el insufrible aumento de los impuestos y por una deuda pública que acongoja.

Ni los partidos políticos ni los sindicatos pueden seguir gastando lo que gastan a costa del erario público; ni las cuatro Administraciones pueden permanecer en el derroche y la suntuosidad. O se impone una política de austeridad o se producirá la rebelión de los ciudadanos, sangrados hasta la hemorragia por unos impuestos desbocados.