El fenómeno político UPyD ha sido uno de los acontecimientos con sustancia propia en la reciente historia política española. Surgido en 2007 y llamado a recoger a un buen número de votantes descontentos con las formaciones tradicionales (PP y PSOE), vio cómo durante 2014 y 2015 iniciaba una pendiente deslizante que le ha conducido a la irrelevancia. ¿Hay posibilidades de que resurja de sus cenizas? Si nos atenemos al contenido de la obra que tenemos entre manos, la respuesta no resulta optimista.
En efecto, Rosa Díez parece dar por finiquitada la trayectoria del partido que ella misma fundó, encarando en tal empresa abundantes dificultades estructurales. En cierta manera, esta forma de pensar guarda relación con una de las características con los que siempre se ha identificado a UPyD: el excesivo protagonismo de su líder.
Por tanto, ¿qué ha ocurrido para que UPyD pasara en escasos meses de tener cuatro diputados en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, a no lograr representación en las pasadas elecciones generales? Rosa Díez ofrece explicaciones variadas en las que alude siempre a factores externos que acabaron por repercutir en el interior de la formación. Al respecto, se muestra políticamente incorrecta cuando analiza la labor de algunos de sus antiguos colaboradores (Sosa Wagner, Fernando Maura o Irene Lozano). Sin embargo, ella elude cualquier responsabilidad personal, lo que invita a cuestionar la objetividad de sus aseveraciones.
Junto a ello, Rosa Díez arremete contra Ciudadanos y contra Albert Rivera. Hacia ambos se refiere de manera hiriente en ocasiones, utilizando expresiones como “el partido del IBEX 35” o definiendo a Rivera como “el elegido” por una suerte de poderes fácticos e invisibles a los que no gustaba la transparencia de UPyD.
Esta argumentación es peligrosa y a veces incorrecta, en particular cuando minimiza el rol desempeñando por Ciudadanos en Cataluña, combatiendo los excesos liberticidas del soberanismo. Igualmente, apelar a esa suerte de “mano invisible” aproxima peligrosamente a Díez a un victimismo populista que en España goza de otros representantes mejor acreditados.
No obstante, estas explicaciones tan personales de Rosa Díez no deben provocar que la trayectoria de UPyD caiga en el olvido. Si sucede esto último sería un error de enormes proporciones que dejaría en el anonimato la defensa a ultranza que hizo el partido magenta de la libertad, de la igualdad y de la unidad de España. La experiencia de la propia protagonista en el País Vasco le dio los conocimientos abundantes para desenmascarar posteriormente al nacionalismo catalán. Al respecto, en esta obra desarrolla una sólida crítica de las intenciones de los Artur Mas, Junqueras, Bosch, Durán Lleida… calificando su acometida rupturista con el contundente y apropiado término de sedición.
En íntima relación con la idea anterior, Rosa Díez y su partido defendieron la derrota por vías constitucionales de ETA, reivindicando la memoria de las víctimas: “A lo largo de la historia de la humanidad ningún movimiento totalitario se ha convertido a la democracia: todos han desaparecido tras ser derrotados con los instrumentos que tiene el Estado de derecho para preservar las libertades y la democracia” (p. 63). Desgraciadamente, como lamenta la autora, la realidad es otra: “Hoy los testaferros de ETA están en las instituciones sin haber condenado nunca el terrorismo. Y reescriben la historia de nuestra lucha democrática y reparten las culpas y hablan de sufrimiento común. Víctimas y victimarios, verdugos y víctimas empiezan a ser considerados parte del conflicto” (p. 67).
Finalmente, cabe enfatizar los reproches bien fundamentados hacia Rodríguez Zapatero, cuyo modus operandi fue una de las razones que motivó la creación de UPyD. En opinión de Díez, en la primera legislatura del leonés “empezó la verdadera cuesta abajo de de nuestro país. Fue durante ese tiempo cuando tiramos a la basura la mayor parte de lo logrado tras la muerte de Franco; fue entonces cuando se empezó a negar el valor de la Transición, la Constitución, el reencuentro, lo que une a los españoles” (págs. 14-15).