A la monserga del cambio climático le sucede ahora la matraca por Donald Trump, que desde los caucus de Iowa viene inquietando a la tiranía de los que no aceptan los resultados. Los mismos de aquellas encuestas que no acertaron la victoria del magnate lanzan hoy pronósticos apocalípticos sobre el mandato presidencial. Hay hombres que nacen de las circunstancias y hombres que hacen las circunstancias. ¿Dónde encaja el cuadragésimo quinto presidente de los USA? Tan imprevisible como el bote de un balón de rugby, Trump no es un clásico del paisaje político tradicional, más bien un fustigador del mismo y siempre parecerá más un amateur que un profesional de la política. Por lo pronto, no cobrará por ejercerla, rareza que escuece a más de uno en el establishment, que encastillado en su torre de marfil, ni le vio venir ni le prestó atención. La mayoría de los titiriteros de Hollywood vieron al rubiales como el galán protagonista de una serie B. Pero el businessman, con gran confianza en sí mismo, y como hombre típico de empresa y de presa, se empeñó en ser capaz de llegar a la presidencia de EEUU. Acabó lográndolo. No valemos en este mundo más de lo que queremos valer, decía Jean de La Bruyère. Quizás Trump sabe que no vale más que para dirigir la primera potencia del mundo. Ya es bastante.
El discurso de toma de posesión ha sido una antología de sus tuits. Invectiva acerada contra el viejo orden y enaltecimiento de su programa: proteccionismo económico y democracia directa. Ya se dará cuenta el presidente de que hay un tiempo para la lírica y otro para la eficacia. Siempre lo global va por delante de lo local. Devolver el poder al pueblo está bien para Cuba, Corea del Norte o la Venezuela de Maduro. Pero la democracia perfecta no existe. Es el sistema menos imperfecto (Churchill). En Europa se sabe muy bien. Es precisamente a esa Europa a la que Trump, desde el balcón de horizontes ¿opuestos? que será ahora la Casa blanca, le ha advertido que EEUU no quiere continuar siendo la potencia rectora de la política mundial ni el gendarme que pone vidas y hacienda para defender la libertad en el planeta, mientras sus aliados europeos se dedican cómodamente a divagar escabulléndose de sus responsabilidades.
Para Trump, el cielo está brillante pero no despejado. Aún tendrá que demostrar que lo suyo pueda ser una notable victoria del sentido común sobre la decadencia. La paradoja es que la clave de su presidencia puede estar en la vicepresidencia a cargo de Mike Pence, que atesora el bagaje político del que carece todo hombre de negocios. Will Rogers, célebre humorista de EEUU, dijo que la misión del presidente y del vicepresidente es la misma. Solo tiene ventaja la del último, ya que el país no se entera cuando sale de caza o pesca. Esta vez, no solo el país, sino el mundo entero, querrá enterarse cuando Pence sale a cazar o pescar.