Inoue es uno de los grandes periféricos japoneses. Prolífico novelista, en especial autor de multitud de relatos breves, vivió la posguerra japonesa del caos, la humillación y la adaptación exitosa al occidentalismo más rabioso y agresivo, sobre todo en las formas. Sin embargo, Inoue mantuvo la esencia de la japonesidad, de forma similar a Kawabata, o al más pendular Tanizaki. Sus obras son sutiles, parciales, personales y llenas de ese gusto nipón por la artesanía tosca, con “wabi”, combinada con la precisión. Sus descripciones son detalladas y muestran siempre un mapa personal hecho tanto de silencios como de ese mundo ultra preciso que esconde un magma en continua ebullición.
Luna llena y otros cuentos es un pequeño libro publicado por Narrativa Sexto Piso y traducido por Gustavo Pita. Incluye tres cuentos: “Vida de un falsificador”, “Obasute” y “Luna llena”. También, “Ausencia” y “El meteorito”, dos poemas en prosa interesantes. El primer relato, “Vida de un falsificador”, cuenta la fascinación que producen un pintor y un falsificador en la persona del narrador. El cuento, que comienza con una investigación a un pintor muerto de éxito, deriva en un fuerte interés hacia el falsificador, y se convierte en el análisis de una vida que podían haber sido exitosa pero que se transmutó en una oda a la renuncia.
“Obasute” es un cuento peculiar. Trata el mismo tema que la famosa “Balada de Narayama”, de Fukazawa Shichiro, que apareció el mismo año: el abandono de los ancianos en la montaña para que mueran allí, una vez que alcanzan cierta edad. Los dos lo hacen de una manera sorprendente pero muy diferente: en Inoue no hay pathos ni llamada a la sentimentalidad. El cuento es a la vez realista y poético, pero no hay ninguna concesión al melodrama; al contrario, lo que hay es un análisis comedido sobre las condiciones de la miseria, el abandono y el cariño. Inoue recorre el viaje a la montaña “Obasute” (lit. “abandonar viejas”) con su madre a cuestas, bañados por la luna. La luna llena siempre guiando a Inoue.
El tercer cuento, “Luna llena”, vuelve a remitirnos al abandono y la renuncia. Esta vez, a través del ascenso y la caída de un ejecutivo. Una reflexión especular sobre el éxito y el fracaso, que viene de nuevo a proclamar el carácter paradójico de la renuncia. Renunciamos para vivir más en nosotros mismo porque la renuncia no es más que una certera forma de conocerse mejor. Un camino poético pero arriesgado, y por lo tanto hollado por unos pocos.