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Rebelión contra Sucesiones

lunes 13 de marzo de 2017, 08:22h

Los ciudadanos de varias comunidades españolas han salido a la calle para protestar por los elevados impuestos a la herencia arbitrados en estas regiones. Se quejan de que en infinidad de casos se da la paradoja de que los herederos tienen que renunciar al legado material al que tienen derecho porque la fiscalidad es tan alta que les resulta antieconómico. Los datos son concluyentes: En 2007, al inicio de la crisis, un 3,4 por ciento de los herederos optaron por la renuncia. Pero en 2015 ese porcentaje se multiplicó por tres y fue ya uno de cada diez españoles los que tomaron esa decisión.

El impuesto de sucesiones tiene un grado añadido de injusticia sobre todos los demás. Nuestro sistema fiscal grava la renta que generamos. Una parte de esa renta va al consumo, y el sistema también lo grava. Y hace lo mismo con los intereses que genere la parte de la renta que no consumamos. Por añadidura, hay un impuesto sobre el patrimonio acumulado. Y, por último, un nuevo impuesto sobre ese patrimonio cuando éste se transmite entre generaciones. Luego es un impuesto doble o triple. Y grava el ahorro, que es la base de la prosperidad personal y de la sociedad.

De modo que, además de injusto por lo que tiene de múltiple imposición, perjudica al conjunto de la sociedad, pues entorpece el crecimiento. A medio y largo plazo, incluso las administraciones públicas han de verse resentidas por esta política fiscal, pues lo que ellas perciben depende de la prosperidad de la sociedad.

Para introducir una racionalidad en el complejo sistema fiscal español, es conveniente transitar hacia una mayor corresponsabilidad fiscal: que cada administración recaude sus propios impuestos. El de Sucesiones se ha otorgado a la discrecionalidad de los gobiernos autonómicos. Varios de ellos la han utilizado imprudentemente. Pero, lo que hay que plantearse es eliminar este impuesto por completo. Habría que hacerlo en cualquier situación, pero más en el caso de España que, como otros países occidentales, ve cómo su sistema de pensiones camina inexorablemente hacia un lento declinar. Y lo que sostendrá a las familias será, sobre todo, sus propios recursos. Y el impuesto de sucesiones supone un obstáculo que para parte de la sociedad es infranqueable.

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