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NOVELA

J. M. Guelbenzu: El asesino desconsolado

J. M. Guelbenzu: El asesino desconsolado

Destino. Barcelona, 2017. 323 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Adrián Sanmartín

El escritor y crítico literario José María Guelbenzu (Madrid, 1944) confesó en cierta ocasión que un día sufrió un bloqueo y se quedó atascado con la novela que estaba escribiendo en esos momentos. Y se le ocurrió el remedio de comenzar una novela policiaca, género que antes no había transitado. Novela policiaca, que no novela negra, aunque en alguna medida eche mano de elementos caracterizadores de esta como es el análisis, y la crítica, social. Guelbenzu, no obstante, conoce perfectamente la distinción, inclinándose por la policiaca, en la que prevalece la construcción milimétrica de una trama presidida por un asesinato, a cuyo culpable hay que descubrir por un método básicamente deductivo.

Dado lo que originó ese bloqueo hay que calificarlo de bienaventurado. El autor madrileño no dejó de lado las novelas no adscritas a un género -el pasado año publicó una espléndida, Los poderosos lo quieren todo-,y, paralelamente, puso en pie una serie de novelas policiacas -firmadas como J. M. Gielbenzu-, con el hallazgo de un personaje, la jueza Mariana de Marco, que ha conseguido por derecho propio un puesto de primera en el universo del género, donde no escasean atractivas y emblemáticas figuras. Aunque quizá la separación entre novelas policiacas y las que no lo son, resulte en el caso de Guelbenzu, como también lo es en el de John Banville / Benjamin Black, superfluo. Más allá de la superficie, lo que importa es que nos hallamos ante un magnífico escritor.

Mariana de Marco despliega sus investigaciones en No acosen al asesino (2001), La muerte viene de lejos (2004), El cadáver arrepentido (2007), Un asesinato piadoso (2008), El hermano pequeño (2011), Muerte en primera clase (2012) y Nunca ayudes a una extraña (2014). En El asesinado desconsolado la serie llega, pues, a su octava entrega, con una Mariana en plena forma, si bien con sus dudas y debilidades en el terreno personal, lo que convierte al personaje en mucho más cercano. En El asesino desconsolado somos testigos de su nada fácil relación amorosa -que no deja de entremezclarse con lo profesional-, con el periodista Javier Goitia, al que conoció en el anterior título, Nunca ayudes a una extraña.

Porque la relación de Mariana con el sexo opuesto es complicada, como explicita su amiga Julia en El asesino desconsolado: “Ella me abrió su corazón y me lo contó todo en lo que se refiere a los hombre, empezando por el hijo de puta de su marido cuando se separó de ella y la echó del bufete. Entiendo el golpe mortal que fue su relación con Rafael Castro […] ¿Acaso teme no poder dominar a Javier o, mejor dicho, la relación con Javier? Pero el amor no es una relación de dominio sino de confianza mutua. ¿Es eso lo que le hace vacilar?, ¿el miedo a la confianza mutua? Es verdad que las personas que han sido heridas temen volver a resentirse por sus heridas. Pero eso es también un acicate de superación”.

Precisamente será en casa de su amiga Julia Cruz donde comienza el nuevo caso de la juez. En el habitual escenario de la ciudad de G… (Gijón), Mariana y Julia van a celebrar que esta última se ha trasladado a un bonito apartamento. Pero sus planes se verán interrumpidos por un suceso sangriento. De pronto, llaman a timbre y al abrir se encuentran en el rellano con un hombre que tiene clavado un cuchillo a la altura del corazón. La víctima es Hernán Caldera, vecino del edificio. Es un jubilado y las primeras pesquisas no arrojan nada extraño en su vida. Las hipótesis empiezan a surgir y el microcosmos del inmueble será el primero en estar en el punto de mira. Y el cadáver de Hernán Caldera no será el único. Disfruten de esta nueva entrega de la serie que nos sirve J. M. Guelbenzu.

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