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Un futuro inmediato muy positivo

domingo 23 de abril de 2017, 08:57h
Esta semana hemos visto cómo tanto el Fondo Monerario Internacional como el Gobierno han mejorado sus previsiones de crecimiento para España para el año en curso. En el caso del FMI, ha elevado su estimación tres décimas, hasta el 2,7 por ciento, y el Ejecutivo dos décimas, hasta el 2,5. BBVA incluso espera que se alcance este año el 3,0 por ciento. Eso quiere decir que España superará en torno a un punto porcentual el crecimiento de la zona euro, superará la media de las economías avanzadas, e incluso se acercará a los niveles de crecimiento mundial.

La experiencia señala que al menos tan importante como las previsiones de crecimiento lo es la evolución de esas previsiones, y la mejora de las mismas es una señal excelente. Eso quiere decir que los datos con los que se elaboran esas previsiones son cada vez mejores, y refuerza la sensación de que estamos viviendo un gran momento.

Pero si Luis de Guindos ha pecado de conservadurismo en sus estimaciones del desempeño a corto plazo de la economía española, su colega Cristóbal Montoro, titular de la cartera de Hacienda, se ha dejado llevar por una mezcla de optimismo y el deseo de regala los oídos a Bruselas. Las previsiones de Montoro sólo se parecieron a la realidad en 2012. Desde entonces, ha fallado estrepitosamente todos los ejercicios, con un desajuste entre sus cuentas y la realidad que da la medida de su falta de profesionalidad, o de honradez; el año pasado ese desajuste fue de 7.271 millones de euros.

Con todo, este año Montoro podría tener la suerte de que la realidad corra tan rápido como sus augurios, no sólo porque el crecimiento real es mayor, sino porque vuelve uno de los grandes males de la economía española de tiempos pasados: la inflación. El aumento de los precios puede hacer que incluso las previsiones del ministro de Hacienda se queden cortas.
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