Frente a la corrupción, menos bromas y más contundencia
lunes 01 de mayo de 2017, 18:19h
Actualizado el: 05/01/2017 18:25h
No afrontar los problemas de frente no suele traer buenas consecuencias. No solo no los soluciona sino que por lo general los agrava o cuando menos provoca que se enquisten de una manera cada vez más profunda. Es evidente, y no únicamente por el caso Lezo - en el que cada día se nos revelan detalles más y más escandalosos-, que el Partido Popular tiene un muy serio problema de corrupción en su seno que lo ha ido gangrenando. Por supuesto que no es el único partido que lo tiene -y no hace falta recordar uno de los casos más explosivos como es el de los ERE de Andalucía, del PSOE-, pero esto no es consuelo ni debe convertirse en excusa y en lanzarse, como sucede tan habitualmente, el cansino “Y tú más”.
Más allá de ver, aunque lo sea, la moción de censura planteada por Podemos como una muestra del desmedido e infantil afán de protagonismo de la formación liderada por Pablo Iglesias, se debería contemplar como una advertencia de que la corrupción propicia y facilita el auge de partidos como Podemos y sus satélites, con un populismo que, aunque de recetas caducas y muy lesivas allí donde se instalan -ahí está la Venezuela de Maduro, tan querida por Podemos-, no deja de atraer a un considerable número de ciudadanos. Cerrar los ojos ante eso es suicida.
Ante la moción, el PP, a través de su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, ha dicho que: “¿A qué esperan? Ya están tardando”, y su vicesecretario de Organización, Rafael Martínez Maíllo, ha insistido en que solo muestra la concepción circense de la política por parte de Podemos, argumento que es el que se ha establecido tanto en el PP como en el PSOE o Ciudadanos, además de adscribir Martínez Maílllo el caso Lezo prácticamente solo al PP de Madrid de Esperanza Aguirre. El propio Rajoy ha salido a la palestra afirmando que él no va a presentar una moción de censura contra Iglesias.
Las bromas y la ironía pueden ser elementos positivos en situaciones de tensión, pero utilizarlas casi en exclusividad no lo es. El PP no puede ponerse de perfil, obviar el problema de la corrupción, ni con ironías ni con otros subterfugios. Esto no es bueno ni para el propio PP ni, lo más importante, para España que necesita partidos fuertes que garanticen la imprescindible estabilidad para continuar luchando contra la crisis, que puede haber remitido, pero que en absoluto está vencida. Partidos fuertes y sin sombra de la lacra de la corrupción. Ante esta, menos bromas y más eficacia y contundencia. Por parte del PP, y claro está, por parte de todos.