www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Jerusalén ya recibió las lágrimas del Papa

lunes 03 de mayo de 2010, 21:21h
Estoy en Jerusalén a donde he llegado con una peregrinación familiar de la Asociación Católica de Propagandistas con motivo del centenario del nacimiento de Ángel Herrera Oria y aquí he vuelto a recordar el quinto aniversario del Pontificado de Benedicto XVI
que hace unos días estuvo de visita pastoral en Malta y en donde el Papa lloró por la víctimas de los abusos sexuales. Quisiera recordar desde la Ciudad Santa que el Papa ya derramó también lágrimas en Jerusalén cuando visitó los Santos Lugares y recordó el continuo enfrenamiento entre palestinos y judíos.

Benedicto XVI “tenía lágrimas en los ojos”, según relató Joseph Magro, una de las ocho víctimas de abusos sexuales que fueron recibidas por Benedicto XVI en Malta. Yo diría que fue un ejemplar gesto de comunión y de compromiso con el dolor de las auténticas víctimas de la pederastia en la Iglesia Católica, que el Papa quiso llevar a cabo de manera íntima y personal. Según hemos leído y visto fue “un encuentro muy emocionante pues las víctimas lloraban junto al Papa que tenía lágrimas en sus ojos”.

Insisto en lo de las lágrimas pues los “Papas también lloran”. Estuve con Juan Pablo II en el campo de exterminio de Auschwitc y vi como el Pontífice lloraba de rodillas en aquel lugar de martirio judío. Por eso no me ha extrañado que Benedicto XVI lo ha haya hecho en este primer encuentro con las víctimas desde que comenzó el escándalo de la pederastia.

Ahora en Jerusalén recuerdo también las lágrimas del Papa, que como todos los Pontífices contemporáneos no han comprendido la absurda lucha de pueblos que nacieron en su día de la misma semilla. El lunes 19 de abril, celebrábamos el quinto aniversario de la elección de Joseph Ratzinger que en su primera jornada de pontificado expresó el deseo de responder a las "peticiones de ayuda por parte de la humanidad de hoy que, turbada por incertidumbres y temores, se interroga sobre su futuro". Asimismo, se comprometió a favor del diálogo “abierto y sincero” con los seguidores de las otras religiones o con aquellos que sencillamente buscan respuestas a las preguntas fundamentales de la existencia, "para la búsqueda del verdadero bien del hombre y de la sociedad".

Por todo ello este Papa también llora y reza en Iglesias y visita mezquitas y sinagogas, como hizo en su viaje a Jerusalén, porque como ha dicho el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, “estas presencias, así como sus encíclicas sobre la caridad, sobre la esperanza, sobre la ética en el desarrollo, en la economía y en le respeto del ambiente, son un balance rico y lleno, de servicio a Dios y a la humanidad. Un camino a proseguir con rumbo seguro".

Hoy desde Jerusalén recordamos estas lágrimas de dolor y de esperanza y no emocionamos con el Papa.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios