Juan José Solozábal
JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid
al paso
Javier Pradera en su ciudad
Me ha cogido la noticia del fallecimiento de Javier Pradera en San Sebastián, su ciudad. Es inevitable que refiramos cada rincón de la ciudad querida a determinados episodios de nuestra vida, pero también a algunos personajes ligados especialmente al sitio por donde pasamos. En un momento del recorrido, después de transitar por el Paseo Nuevo donostiarra, y atravesar el puerto, en esta mañana clara y tibia de otoño, aboco a la Plaza de la Constitución. La Plaza de la Constitución está en el centro de la Parte Vieja. Es menor que la Plaza Nueva de Bilbao y si guardas un momento de silencio no oyes la algarabía infantil que escuchaba Unamuno. Tampoco hay sitio para el kiosko de música o las palmeras bilbaínas. Durante muchos años especialmente en Navidades, cuando regresábamos de la Universidad a casa, íbamos, aquí en la plaza justo al lado del primitivo establecimiento Baroja, a la librería Lagun, donde creo haber visto, sin saber quien era, por primera vez a Javier. Años más tarde, ya en Madrid, convergimos con otros amigos en la redacción de una carta, que irritó profundamente al Gobierno vasco nacionalista de entonces, por la que solicitábamos protección para el establecimiento de la familia Recalde, hostigada, como en la época nazi por pintadas, roturas de escaparate y otros ataques por las juventudes del fascismo abertzale.
Los registros de Javier eran muy variados y sus conocimientos derivados de sus lecturas pero también de la experiencia en diversos frentes de la vida, le convirtieron para mucha gente de mi generación en un mentor imprescindible. Pradera era un modelo, pues a pesar de haberse extraviado en su formación, como muchos de nosotros, por derroteros mas bien erráticos y aun equivocados (me refiero sobre todo al marxismo y el sueño revolucionario comunista), había recompuesto finalmente una figura de brillantez y coherencia indiscutibles. Pradera, a través sobre todo de su actuación en el proyecto cultural de Alianza Editorial y de El Pais, ha sido un contribuyente decisivo de la referencia socialdemócrata en la vida política española. He admirado siempre en Javier el empeño esforzado con que preparaba su columnas, sorprendentes por su capacidad para aunar al tiempo el análisis jurídico y el dominio sociológico o politológico. Aunque huía como de la peste de las pompas y oscuridades de los trabajos académicos, le he visto en muchas ocasiones en la conversación reconocer rendido la excelencia de un trabajo universitario, pues admiraba como pocos el mérito de la investigación.
Javier era todavía mejor hablando que escribiendo. Recuerdo intervenciones suyas memorables. La última, a finales de este verano, hace bien poco en el palacio de la Magdalena de Santander en un homenaje a Miguel Angel Aguilar, que con la generosidad que le caracterizaba Pradera se había prestado a ofrecer. Pero sobre todo recuerdo la extraordinaria presentación que hizo del Bucle melancólico de Jon Juaristi en el Hotel Palace de Madrid el 23 de octubre de 1997. Hablaba de las voces ancestrales que oía con temor Jon, como refería Conor Cruise que escuchaban los irlandeses nacionalistas agarrándose al mástil “para no seguirlas y ahogarse”. Javier Pradera también oía otras voces ancestrales de sentido opuesto. “Desde el fondo de la memoria me vienen, no el Gernikako arbola ni el Eusko Gudariak sino las letras de las canciones de guerra carlistas”. .Escuchaba también en boca de su madre, cuando no le oían los miembros de su familia paterna tradicionalista, el himno de los Auxiliares, esto es, la marcha de las milicias ciudadanas que defendían Bilbao del cerco carlista durante la segunda guerra civil, que arrancaba con los versos “Somos liberales sin color ni grito”. ¿Será posible, concluía Javier Pradera su presentación del libro de Juaristi, que alguna vez los vascos reconciliadamente resistan la invitación de las sanguinarias sirenas que reclaman-cada una en nombre de sus antepasados- el pago de las viejas deudas? Javier, ibili ondo. (buen viaje, amigo).




