La leyenda de Agartha
jueves 18 de diciembre de 2008, 22:56h
Uno de los lugares más maravillosos del planeta, la cordillera del Himalaya, posee además una buena carga de leyendas. La más conocida y vistosa, sin duda, es la del “abominable hombre de la nieves” o “Yeti”, visto al parecer por más de una expedición de las muchas que frecuentan el Tibet. Hay quien asegura haber contemplado sus pisadas cerca de monasterios budistas situados en las laderas de las montañas más altas del mundo. Pero es precisamente bajo ellas donde reside uno de los mitos más sugerentes que la fantasía humana ha sido capaz de engendrar. Nos referimos a Agartha, que según la tradición budista, es un reino subterráneo donde reinaría el conocido como “rey del mundo”.
Todo esto tuvo su eco literario en Europa. Así, a mediados del siglos XIX, sir Bulwer Lytton publicaba en Londres una de sus obras más conocidas, “La raza futura”, en la que un ingeniero de minas es conducido a través de un laberinto de cavernas hasta un mundo subterráneo, poseedor de una avanzada civilización. Su inmenso poder era conocido como “Vril”. Casi un siglo después, su paisano James Hilton inventaba el nombre de Shangri - La para referirse al mismo mito en su obra “Horizontes perdidos”. El problema fue que alguien se lo creyó. Y ese alguien no era otro que Adolf Hitler, cuyos escarceos con el esoterismo eran patentes. De hecho, una oscura sociedad secreta, “Thule”, fue quien reivindicó la pureza de la raza aria. Su fundador, el barón von Sebottendorff, era un ferviente creyente de la “teoría intraterrestre” como origen de la raza aria. De aquel reino subterráneo procederían los arios primigenios, antes de emigrar a la Vieja Europa.
Así, una expedición capitaneada por el zoólogo Ernst Schäfer y formada por científicos alemanes y deportistas de las SS emprendería una misión en el Tíbet con el objeto de localizar el centro espiritual del mundo. No parece que tuvieran mucho éxito, pero lo cierto es medio siglo más tarde, en 1987, la prensa mundial de un increíble descubrimiento arqueológico llevado a cabo en la frontera entre China y Kazajistán, al otro lado del Himalaya. Se trataba de unas momias en un envidiable estado de conservación pese a sus 3.000 años de antigüedad, y cuyos rasgos eran claramente europeos. Como europeas eran las trazas de sus ropajes, en el mismo excelente estado que las momias. Fragmentos similares fueron encontrados en Alemania, Austria y Dinamarca. Este hallazgo se produjo en la provincia de Xinjiang, al pie de las llamadas “Montañas Celestiales”. Y es precisamente ahí donde la tradición budista sitúa otra de las posibles ubicaciones de Agartha. ¿Casualidad? Habrá que preguntarle al Yeti…
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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