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Para ahorrar, no limpie en casa cuando lleguen las visitas

miércoles 02 de junio de 2010, 22:02h
Domingo en la capital. Madrid, especialmente el de los Austrias y el de los Borbones, se llena de incansables turistas, cada vez más, como le gusta al alcalde, sobre todo cuando gastan a granel. Es verano y hay que combatir la dura sed de calor y calles nuevas que patear con frías botellitas de agua, helados tamaño king size, granizados castizos y claritas no menos refrescantes. ¿Con el estómago vacío? No, por Dios. Si la crisis no permite sentarse a una de las cientos de terrazas que invaden placitas y callejuelas adoquinadas, al menos, uno siempre puede hurgar en su mochila en busca de algún euro suelto para comprar una hamburguesa, un trozo de pizza, o la mejor opción de todas, un bendito bocadillo de calamares, que eso sienta bien en cualquier estación del año y se venga de donde se venga.

Todo muy normal, muy típico de los días de fiesta en los que extranjeros o españoles de otras comunidades deciden pasar el fin de semana en la capital. Muy saludable y con claras consecuencias positivas para la caja de comerciantes y hosteleros. Pero también, lógico parece, para papeleras y demás contenedores de basura, llenos a rebosar. Si algo enorgullecía hasta ahora a los responsables del gobierno de la ciudad y que, además, utilizaron como argumento el pasado año para justificar la resurrección de la tasa de basuras, era que Madrid tenía el privilegio de ser la única capital europea que recogía su basura todos los días, excepto en Nochebuena y Año Nuevo. Pero eso va a cambiar ya. La crisis manda y, a veces, funciona como excusa infalible para meteduras de pata. Comprobado en el gobierno nacional, que no da una, ahora toca verlo en el ayuntamiento madrileño, que ha decidido que una buena forma de ahorrar es recortar el gasto que supone mantener, todo lo que se puede, limpia una ciudad.

La concejala de Medio Ambiente, Ana Botella, que ya puso ascos a eso de que los desarrapados de la ciudad hurgaran en los contenedores, ahora asegura que el recorte a quien más va a beneficiar es a los madrileños, porque se verá repercutido en el coste de la polémica tasa que pagamos todos. A costa de muchas cosas, sobre todo, si a la hora de explicar cómo se va a llevar a cabo, se esgrime que la solución pasa por dejar de recoger los desperdicios los domingos y demás días de fiesta porque “es cuando menos residuos se depositan, entre otras cosas, porque hay menos actividad comercial y, probablemente, hay muchas personas que ni siquiera saben que se recoge esos días”. ¿En el centro? ¿Está de guasa? Puede que así sea en barrios que no viven del “agosto” que supone el fin de semana, pero si lo que pretende una familia para ahorrar en su presupuesto es no limpiar la casa el día en que vienen las visitas; o una empresa convocar a posibles nuevos clientes después de una macro fiesta sin haber recogido antes, mal vamos.

La otra opción que podría barajarse, según Botella, y esta no sólo indica ignorancia sino sencillamente desesperación o tomadura de pelo, es la de eliminar la recogida durante el turno de noche, el más caro, y que se ofrezca servicio sólo por las mañanas. ¿Se imaginan? Cuando a uno le toca el camioncito con los señores de naranja que a toda pastilla vacían los cubos y son las doce y media de la noche, ya le toca las narices, pero normalmente va de vuelta a casa y, superada la dura jornada, hasta puede relajarse pensando en la grata acogida que le dará su colchón cuando se meta bajo las sábanas. ¿Qué pensaría a las nueve de la mañana, con el coche alborotado por los críos que llegan tarde al colegio y la cabeza rumiando la angustia por todas las cosas que aún le esperan para hacer, chupando rueda detrás de la cola que va provocando el camión de la basura en una ciudad a plena actividad?

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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