Antonio D. Olano

Antonio D. Olano

ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.

Todos los artículos de Antonio D. Olano

PORTADA » opinión

lo insólito cotidiano

Penagos en la presente ausencia

17-03-2010

imprima esta noticia ENVIAR O COMPARTIR ENLACE

“Los amigos de Julio Camba”, todavía presencias veteranas injertadas en sangre nueva o veterana, se unen cada mes en la taberna centenaria, “Casa Ciriaco”. Presencias y recuerdos. Casi medio siglo de actividad , desde el divino muñidor Utrillo hasta el madrileño Ángel Manuel García, el relojero de la Calle de la Sal que no mira la esfera del reloj si está a gusto (lean: sirviendo a su Madrid y a su manera) y que es, junto con nuestro evanescente presidente, Ángel Antonio Mingote, uno de los cuatro angelitos que velan nuestros sueños, dos ya ausentes del mundanal bullicio; pero no de nuestra memoria en la que ocupan lugares preferentes: Ángel Palomino y ese otro doblemente Ángel que se nos fue, desde esos fogones en los que, como el Dios de Santa Teresa, estaba siempre entre pucheros.

Hoy se aumenta el volumen de las ausencias. Partir, en su caso, no fue morir un poco. Recordemos y apliquémonos un verso de su espléndido soneto, pasaporte a la inmortalidad poética de Rafael de Penagos, otro Rafael renacentista, múltiple y multiplicador de n talentos varios. Nos decía lo que esta noche le decimos a él:

Ya no me sabe a pan el pan que como

Si no lo comes tú y estás conmigo…

Nos lo recuerda, en una crónica magistralmente escrita, porque está sentimentalmente sentida, José Utrera Molina, hoy ausente en Nerja, ese hombre que escribió fidelidades bajo la misma bandera que es, no lo duden, la de la fidelidad a quienes a fidelidad son acreedores.
Hoy — pronto lo tendremos entre nosotros- recordamos sus palabras escritas en recuerdo de Rafael:

“Nunca dejaré de olvidar su mirada tierna, noble y acuciante, su compañía alentadora e inigualable y sobre todo la música de su voz que resonará para siempre en mi ya lastimada memoria”.

“¿Es posible que aquella voz armoniosa, llena de ventura, ya no resuene en mis oídos?, se pregunta Utrera.
Y nos lo preguntamos todos.

Y nos lo recordó el más grande escritor de varias brillantes generaciones, Manuel Alcántara, del que creemos leer su prosa límpida y nos está embriagando de su poesía, es decir: ¡La poesía!. Dice:

“Hay quien se muere y quien se nos muere. No es lo mismo. Los que todavía nos quedamos aquí, jugando la prórroga de un partido cuyo resultado final no ignoramos, estamos más tristes”.

Rafael de Penagos era el paladín de todas las fidelidades que ganó a pulso. Y, ante todo cuidaba y veía crecer el nombre paterno, un genial dibujante que, dice y bien dice Alcántara “cometió el error de nacer en España y no en Francia”. Sin la constancia de nuestro Rafael no sería tan luminosa la aureola de su progenitor. De él hablaba constantemente. Hasta el punto de que Manolo Alcántara, una tarde de tertulia, intervino:

¡Rafael, que los demás también hemos tenido padre!

Con su libro de poemas, dignos versos para la voz precisa y preciosa del doblaje español, con “Como pasa el viento” mereció y ganó el Premio Nacional de Literatura. Y disfrutó de la gloria grande, que en España racaneamos y tratamos de hacer pequeñita. Cuando volvió a esta y otras tertulias, no buscaba más eco que el que merecía su padre. Y calentar su corazón y sus manos, llenas de tantos abrazos, con el calor de otras manos y corazones varios, de nosotros, sus amigos.







enlaces patrocinados