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Que nos devuelvan el anticiclón de las Azores

miércoles 24 de febrero de 2010, 22:13h
Es el acertado nombre de un nuevo grupo en Facebook. Por el momento no tiene demasiados amigos, sólo se han inscrito 106, pero seguro que, a estas alturas del larguísimo invierno que llevamos, muchos habrán empezado a acordarse del famoso centro bárico de alta presión y estarán de acuerdo en reivindicar su liberación sin rescate. ¿Dónde se ha metido ese bendito anticiclón que hasta ahora había cumplido sin rechistar su misión de no dejar pasar tanto temporal al centro y al sur de la península ibérica?

Su ausencia, además de haber traído consigo centímetros de nieve acumulados en los lugares más extraños y la moda de las katiuskas hasta en Almería, ha provocado en España un extraño fenómeno que pocos esperábamos encontrar aquí: ahora la gente, en el bar, en la cola del super o en la oficina, habla del tiempo. Igualito, igualito, que los británicos, a quienes muchas veces hemos acusado de frivolidad o de poca empatía porque en vez de preguntarte por la salud de tu anciana tía abuela o por el trabajo, se interesan por cómo duerme tu gato o, sobre todo, por el tiempo que hará ese día. Seguro que ahora ya lo entendemos mejor. Lo segundo, porque de lo primero, gracias a Dios, aún estamos a años luz. El caso es que a todos nos parece ya normal hablar de copiosas nevadas, vientos huracanados, lluvias torrenciales o ríos desbordados. Una nevada en Madrid ya no es noticia a no ser que deje al personal atrapado en sus coches durante más de dos horas y hemos aprendido a caminar con elegancia sobre la sal gorda y a sujetarnos ágilmente de las farolas cuando arrecian las ventiscas polares. Y que esté pasando lo mismo en otras partes del mundo tampoco consuela, porque, maldita sea, esto es Spain, y ya no nos quedan ni las afortunadas Islas Canarias para tomar un respiro de calcetines gordos, gorros de lana y bufandas.

Sí, las hemerotecas dicen que desde 1963 no se había visto un invierno tan frío y mojado. Tan duro para todos, especialmente para quienes han visto afectados sus bienes materiales, perdidos para siempre a causa de las trombas de agua, los desprendimientos o las heladas, y para aquellos que donde lo sufren es en su propio cuerpo, en su salud. Son los enfermos de “urticaria a frigore” o alergia al frío, una de esas patologías llamadas raras o de baja frecuencia, tan desconocidas e ignoradas, pero de la que ya empiezan a hacerse algunos estudios como los que relacionan la enfermedad con la mononucleosis o con enfermedades autoinflamatorias que cursan con trastornos reumatológicos. Son personas cuyo organismo interpreta el frío como un agente patógeno y reacciona contra él, con síntomas que van desde terribles ronchas en la piel, vasodilatación, mareos, dolores de cabeza y articulaciones, hasta diarreas e incluso desvanecimientos. Según las estadísticas su prevalencia es mínima, una patología rara menos para quien la padece y sus familias. Igual que tantas otras, se habla de unas 7.000, que la Federación Española de Enfermedades Raras trata de dar a conocer con iniciativas como la carrera que el próximo domingo 28 de febrero tendrá lugar en la Casa de Campo de Madrid dentro de una campaña cuya imagen la ha puesto Iniesta para ayudar a los afectados. Que ese día a nadie le deje en casa el frío.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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