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¿Qué quieren los antisistema?

Carlos Loring Rubio
martes 07 de abril de 2009, 20:23h
Aferrados a pancartas de las que apenas podemos distinguir los lemas, ocultan sus caras los engreídos. Extremistas de no se sabe qué concepción política, gritan, agreden y destruyen. En una ecléctica conformación de amables propósitos, no se ven satisfechos con el Mundo que les ha tocado vivir. Se oponen a la injusticia sin dar alternativas a la queja, vislumbran un futuro mejor del que nada saben. Lo realmente importante es estar en lucha. Una lucha que les lleva a enfrentarse contra lo que ellos mismos son, contra la forma de vida a la que se han acomodado. Tras romper los cristales de alguna sucursal bancaria quizás el antisistema place de vestir vaqueros, comer chicle, beber Coca-cola, jugar a los marcianitos o engancharse a los foros de okupas de Internet. Extremistas que nada saben de lo que son extremos, les vemos manifestarse y vapulear al funcionario público que porra en mano no da crédito a la ira de su contrario. Mientras, los “avergonzados” líderes mundiales acuden a las cumbres, a la vez que resuenan los ecos de los héroes de la nada.

Muchos de los llamados antisistema son participes del movimiento antiglobalización, cuya ideología se impregna de un neocomunismo, arraigado en la suposición de que el colectivismo, la conservación de las culturas y el proteccionismo ofrece mayores ventajas que la defensa de los derechos individuales, uno de los hitos en materia jurídica más importantes de nuestra era. Para ellos esto no supone más que un pensamiento único. Pero el verdadero pensamiento único es dar soluciones globales a todos los problemas, dogmas a los que deben atenerse todos los hombres, que en una misma dirección deben actuar, pensar y someterse. Y todo porque un grupo de próceres ha dado con la solución final.

El malogrado Unabomber, al menos se basaba en un manifiesto en contra de la industrialización, en consonancia con ciertos movimientos decimonónicos, que acabo por desquiciarle. Se impuso la meta de parar el progreso tecnológico mediante el envío de sobres bombas a aerolíneas y universidades. Patético modo de no saber enfrentarse al vértigo de la modernidad. Pero, si de métodos violentos se trata, mi preferido sería el Dr. No. Mediante un plan bien trazado, y con los medios adecuados, enfrentaría a las grandes potencias, con la inestimable colaboración de la siempre bien organizada SPECTRA, para lograr, en una hecatombe nuclear, la desaparición de la raza humana y de esta manera salvar al planeta.

Bromas aparte, lo verdaderamente difícil es enfrentarse a la cotidianeidad e intentar lograr un mundo más justo en base a lo ya establecido. Gritar, destruir y oponerse a todo es fácil; construir y planificar la forma de solucionar los problemas sociales es complicado, sobre todo si hay que respetar los derechos individuales de las personas con las que se convive. Derechos de los que emanan ciertas equivocaciones y abusos, pero que conforman la base de la moderna convivencia. Las soluciones para “liberar al proletariado sometido” se aferran a sistemas políticos que son del todo inviables, porque éstas parten de la falsa premisa que establece que el hombre es perfecto en sus aptitudes como ciudadano modelo en una sociedad ideal. Como diría Horacio: Insani sapiens nomen ferat, aequus iniqui, Ultra quam satis est virtutem si petat ipsam. [Al sabio llamaríamos insensato, al justo injusto, si buscara la virtud misma más allá de lo bastante; HORACIO, epist. 1,6,15-16].

Carlos Loring Rubio

Abogado

CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)

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