Reforma de la Universidad
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 01 de febrero de 2012, 21:40h
Proponerse, como parece se propone el Ministerio, que alguna Universidad española entre dentro de las 150 primeras del mundo, es tarea de titanes.
No resultará fácil que en una Universidad absolutamente sindicalizada, se vuelva a las políticas de calidad, ya completamente abandonadas hace tiempo, demasiado tiempo.
Hoy, mediante la barbarie que represente la ANECA, miles y miles de ciudadanos se han incorporados a las cátedras universitarias, sin otro merecimiento que el haber rellenado con mayor o menor acierto, una tabla o un listado de tareas que se ponen en un papel como si fueran de verdad signos, siquiera indirectos, de calidad alguna y de excelencia.
Nótese que la idea de excelencia está absolutamente prohibida y postergada por los sindicatos, que son quienes verdaderamente mandan en las Universidades Públicas. Que no le vengan con cuentos sobre la calidad, la excelencia, la vocación. Aquí, según mandan estos nuevos gremios, lo que cuenta es la promoción para tener un puesto de trabajo al menor esfuerzo posible.
Y para conseguirlo, lo que se ofrece – y la ANECA y las Universidades lo ha logrado – es impedir la competencia, acabar con la transparencia y eliminar la especialidad. Y estas son las tres cualidades, precisamente, con las que se rigen las Universidades que sí están entre las cien primeros campus del mundo.
En efecto, la ANECA, con más de los 12 000 o 13 000 profesores que ha echado sobre los Presupuestos Públicos sin inmutarse, parte de que ella misma no es un organismo transparente.
La ANECA, que debería desaparecer tal como está formulada, parte de que “todos sabemos de todo”. Y así, lo que hace es que generalistas de una rama del saber juzgan sin más a especialistas de otro conocimiento completamente distinto. Así, por ejemplo, un economista especialista en análisis económico cuantitativo, es quien juzga, ¿juzga?, a un catedrático de Derecho Romano. Y se quedan tan alegres y tranquilos. Luego, cuando alguien ponga el grito en el cielo y diga que ni uno ni otro sabe una palabra sobre Ulpiano, por poner un ejemplo, también a uno y otro les da igual. Ya han conseguido su objetivo, que es aupar a otro más a costa del presupuesto haciendo buena la visión sindical global de la Universidad. Todos servimos y sabemos para todo. Por cierto, que un solo día de BOE ilustra que se nombran más catedráticos y profesores de Universidad que en tres años de abogados del Estado, Letrados del Consejo de Estado y Magistrados especialistas de lo contencioso. La irresponsabilidad y los irresponsables de la ANECA han venido echando sobre los presupuestos a miles y miles (quizás unos catorce mil casi) de profesores. Y eso, además de que no ha dado, ni dará, ni un Premio Nobel (insisto, entre trece o catorce mil profesores que ha regalado la ANECA a las Universidades) supone una carga inmensa y una irracionalidad absoluta.
Y no se diga que no es la ANECA y que son las Universidades las que incorporan al profesorado. No. No es cierto. Una vez que un sujeto, un ciudadano cualquiera, está “anequizado” se incorpora a una coordinadora de profesores “acreditados” y exigen a su Universidad un plan de promoción, consistente en que les den a ellos, precisamente a ellos, sin competencia alguna, un puesto de por vida. Para conseguirlo tiene previamente la ANECA que regalarles ese puesto y a fe que lo ha hecho. Porque si miles y miles de profesores se han ¿acreditado? (¿hay crédito cuando son miles los que lo reciben?) luego no puede venir ese engendro de ANECA a decir que no sabía lo que hacía cuando otorgaba ese título
He dicho regalar el título de acreditado. Y digo bien, porque la esencia de la acreditación es un coloquio oscuro y no transparente entre un sujeto y la ANECA, sin que nadie, con transparencia vea ese procedimiento ni lo pueda criticar. Si añadimos que quienes juzgan al “acreditado” no tienen ni la menor, insisto, ni la menor idea de lo que dicen que ha hecho (yo mismo he rechazado por decencia juzgar a economistas o a sociólogos, pero eso, exactamente, es lo que se hace, esto es, que un ignorante – en sentido estricto ya que ignora todo de la especialidad del acreditado- se dedica a otorgar títulos. Y eso se llama prebendalismo, o si se prefiere, la “conjura de los ignorantes”).
Y en consecuencia, el acreditado se presenta él sólo a la plaza, en monopolio gremial a costa de la sociedad. Es decir, un sujeto envía unos papeles por Internet a no se sabe quien en la ANECA. Luego, al otro lado del aparato, hay unos ignorantes, precisamente ignorantes, que pueden no saber ni leer lo que dice el acreditado que ha escrito. Porque quienes “juzgan” no leen siquiera, porque no saben y no pueden por tanto, lo que se les presenta (lo cual es tomar a sabiendas una decisión injusta, ya que ni se sabe de qué se está hablando y sin embargo se juzga sobre ello). Y nadie, absolutamente nadie, sin la menor transparencia pues, sabe lo que está pasando. Y un día cualquiera, ese “acreditado” se presenta en la Universidad y dice que él, precisamente él, quiere elegir a los cinco amigos que le van a ¿juzgar?, los cuales, además, tampoco tienen que ser especialistas y por tanto no tienen que conocer nada de lo que dicen que ha dicho el sujeto beneficiado. Al nombrar él, incluso en contra del Departamento (si es que algún Departamento, conservando un mínimo de decencia – cada vez más escasa – se atreviera en algún supuesto a negarse a regalar al acreditado su puesto y pidiera un concurso público y abierto) a los 5 miembros, nadie, absolutamente nadie, se atreverá siquiera a firmar la plaza en cuestión. Total es perder el dinero de las tasas.
Porque eso es lo que está pasando. Las plazas, ya dadas, no se firma por nadie que no sea el candidato local. Insisto: ni siquiera se firman.
En estas condiciones, si el Ministro Wert quiere hacer algo, tendrá que hacer algo serio y profundo. Y hacerlo rápidamente ya que si no es así, los intereses creados se encargarán de neutralizar cualquier intento de reforma. Y entonces, nos iremos, como nos estamos yendo ya, al puesto trescientos o cuatrocientos o vaya usted a saber.
El Ministerio, si tiene coraje, deberá hacer público el rango que ocupan todas las Universidades españolas. Veremos entonces el espejo de lo que tenemos.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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