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Todos a las rebajas

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 21 de junio de 2009, 20:04h
Este fin de semana han comenzado las rebajas en la Comunidad de Madrid y pronto se extenderán al resto de España. Según los expertos, traerán una de las pocas cosas buenas de esta crisis que a tantos ahoga: serán más agresivas que otros años. Qué adjetivo tan feo para estimularnos a gastar, a lograr pagar menos por algo que vale más, pero a pagar, a fin de cuentas…

Que los descuentos sean más suculentos (de hasta el 70 por ciento en ciertos comercios y artículos), seguro que favorece el consumo. Por lo menos, nos hará darnos una vuelta en busca de alguna ganga, y es posible que no la encontremos y volvamos a casa con esas camisetas de fondo de armario que siempre hay que tener a mano y con un par de camisas nuevas.

Lo malo, es que cuando cerremos la puerta de casa y pongamos las noticias, entonces sí que tendremos nuestra buena ración de rebajas: del 70 por ciento, en honestidad; del 95 por ciento, en vergüenza; del 20 por ciento, en variedad; del 65 por ciento, en valores; del 90 por ciento, en educación; del 55 por ciento, en justicia; del 80 por ciento en soluciones efectivas para las familias, que son las que cada domingo por la noche notan cómo el nudo del estómago se tensa al tener que afrontar una nueva semana que nadie sabe qué deparará…

Entiendo que con este panorama no hay muchos motivos para la alegría ni para el consumo, que cuando medio país está sin trabajo y el otro medio, aterrado por la posibilidad de perderlo, cuando ha aumentado el robo de papillas y comida en los supermercados y resulta casi insultante que anuncien rebajas en la adquisición de diamantes no apetece ir de compras.

Es cierto, da casi vergüenza ir a por unos zapatos o unos pendientes y llegamos, incluso, a sentirnos culpables por ello. Pero los que aún tenemos trabajo, los que tenemos la nevera llena y podemos pagar nuestras facturas a fin de mes es lo mejor y lo único, de momento, que podemos hacer por el resto.

Si nosotros compramos, la rueda gira y los pequeños comerciantes se desahogan y pueden pagar sus materias primas e invertir en nuevos productos y contratar a alguien que les eche una mano y lograr que los que están en el paro sean cada vez menos.

Si el Gobierno no es capaz de hacer nada para salir de esta situación, tendremos que hacerlo nosotros, tendremos que dejar de lamentarnos y de mirar a los que deberían adoptar soluciones esperando a que hagan algo, lo que sea, pero algo. Se acabó la espera.

Tras dejar que se nos sequen los ojos y los oídos esperando medidas, recetas o esperanza, hemos asumido ya que estamos solos. Sí, estamos solos. Eso sí, cuando llegue el momento de colgar medallas tengo pocas dudas al respecto de las solapas que las lucirán.

Entonces, y espero que la memoria no nos falle a ninguno de los que ahora apretamos los puños de impotencia, sólo nos quedará arrebatárselas en las urnas. Pero esa será otra guerra y por aquel entonces, que espero no sea muy lejano, seremos muchos más los que salgamos de compras sin miedo y, sobre todo, sin vergüenza. Mientras ese día llega, me voy a las rebajas a poner mi granito de arena.

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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